Los sitios de apuestas autorizados en Brasil se vaciaron en cuestión de días después de que el Presidente Lula da Silva firmara la medida que los prohíbe, incluso antes de que las plataformas fueran desactivadas.
Según datos de Blask en un informe sobre el desmantelamiento del mercado brasileño, para el jueves 1 de octubre, durante la primera semana tras la publicación de la Medida Provisional 1.394, la proporción de participantes brasileños que visitaban un sitio autorizado con dominio .bet.br era un 74% inferior a lo habitual.
El informe explora el dilema de los operadores que tanto les costó instalarse en Brasil: ¿Cerrar el boliche para irse, o quedarse con la esperanza de que la prohibición se levante?
El canal legal de bets se cerró en una semana. Los depósitos se suspendieron el viernes 25 de septiembre. El sábado, las interacciones con las páginas por visitante de sitios autorizados cayeron un 41%: los jugadores ingresaban para retirar fondos, no para apostar. Para el jueves 1 de octubre, el alcance de los sitios autorizados estaba un 74% por debajo de lo habitual y las búsquedas de sus marcas habían caído un 83%.
La demanda no desapareció. Se volvió más difícil de observar. El 57% de los apostadores brasileños ya había visitado un sitio no autorizado durante los 90 días anteriores a la prohibición. Los jugadores que cambiaron de plataforma acudieron a marcas conocidas, a menudo a través de dominios espejo que no incluyen sus nombres, como 1win. Pero, por ahora, la mayoría de los apostadores del mercado legal simplemente dejaron de apostar, y Blask todavía no observa un fuerte aumento del tráfico hacia sitios no autorizados.
Brasil prohibió un mercado de US$6.600 millones al año (de ingresos brutos del juego GGR) apenas nueve días antes de las elecciones presidenciales y con solo diez días de aviso. Los sitios dejaron de operar el 6 de octubre y las licencias vencerán alrededor del 25 de octubre, fecha en que se hará la segunda vuelta definitiva de la elección presidencial que podrá decidir el futuro de los bets en Brasil.
Quedarse o retirarse
El desfase crea un problema estratégico para los operadores que deben decidir si mantienen su presencia o se retiran del país. Los costos de esperar ya son visibles: solo Flutter prevé perder unos US$70 millones de ingresos en Brasil en 2026, y el gobierno federal ha demandado a 17 operadores por R$2.600 millones en costos de salud pública, más al menos R$1.000 millones por daños y perjuicios.
Una revocación de la medida de Lula por la vía judicial es posible, pero llegaría más tarde, al igual que un rechazo o modificación por el nuevo Congreso que se instala en febrero.
La prohibición no elimina la demanda. Suprime el canal regulado y entrega los jugadores, los ingresos y los empleos a operadores offshore sin autorización y que no pagan impuestos en Brasil.

“Como demuestra Blask en este informe, la demanda persiste, pero las protecciones desaparecen. Instamos a los legisladores a sustituir las prohibiciones generales por una nueva regulación moderna e integral que combine protocolos estrictos de protección de los jugadores, controles de integridad financiera y educación proactiva tanto para la ciudadanía como para los actores legislativos. Trabajando junto a operadores responsables, los gobiernos pueden crear un entorno más seguro para los aficionados al deporte, proteger las arcas públicas e impulsar sectores tecnológicos locales sostenibles. Es un enfoque mejor y más inteligente para los jugadores, el deporte y la sociedad”, dijo en el informe el presidente del consejo de asesores de Blask, Jeffrey Haas.
Una licencia brasileña nunca se limitó al pago de US$5,4 millones (R$30 millones). Otorgaba cinco años de acceso al mercado y exigía un mínimo de R$30 millones de capital integrado y patrimonio neto, una reserva de R$5 millones, un socio brasileño con una participación de al menos el 20%, plataformas certificadas, equipos locales de cumplimiento normativo, pagos y atención al cliente, además de oficinas. La industria afirma haber aportado US$1.300 millones (R$7.500 millones) de capital social a sus empresas brasileñas.
El régimen de licencias de Brasil creó precisamente los empleos que los gobiernos buscan atraer: ingenieros, científicos de datos y especialistas en seguridad, cumplimiento normativo y pagos, trabajando para empresas que desarrollaron plataformas, equipos de gestión de riesgos y servicios de atención al cliente dentro del país, dijo el informe de Blask.
Los datos de contratación formal muestran que el sector sumó 3.678 empleos formales netos en 2024–2025, con un salario inicial promedio de R$8.200 mensuales, una estructura laboral que empieza a desmantelarse con despidos de millares de personas. Los operadores offshore no emplean a ninguna de ellas en Brasil, no pagan sus impuestos ni están sujetos a sus normas.
La Asociación Nacional de Juegos y Loterías (ANJL) informa que más de 3.500 trabajadores ya han sido despedidos por empresas del sector de las apuestas desde la entrada en vigor de la Medida Provisional 1.394, que prohibió las apuestas en Brasil. La asociación estima que el número de despidos podría alcanzar los 5.600 trabajadores en 90 días.
¿“Qué hacer ahora?”
Esa es la pregunta que hacen los operadores internacionales de iGaming y sus afiliados que se instalaron legalmente en Brasi.
Blask consultó la opinión de dos profesionales del sector sobre la mejor estrategia para las próximas dos semanas, dado la incertidumbre del futuro de las apuestas deportivas y los juegos online en Brasil.
“Cumplan rigurosamente: paguen todos los saldos, cierren en la fecha establecida y conserven todos los registros”, recomendó Ricardo Bianco Rosada, fundador de brmkt. “Y mantengan viva la empresa aunque la operación se detenga. Congelen la estructura, no la desmantelen. Reconstruir una entidad brasileña, un equipo y una infraestructura de pagos cuesta más que mantenerlos en pausa. Los afiliados deben dejar de dirigir tráfico brasileño a cualquier plataforma, incluidas las marcas offshore. La MP también prohíbe la intermediación y la publicidad”, señaló Rosada.
Luiz Felippe Correia de Almeida, CEO de Smart Social, también recomienda aguantar la situación por si las cosas cambian.
“Entre nuestros clientes, el presupuesto destinado a Brasil se está trasladando a otros mercados, principalmente a otros países de América Latina”, dijo Almeida a Blask, pero advirtió: “Una marca que abandona Brasil precipitadamente pierde mucho más que presencia en medios. Pierde la confianza de los creadores de contenido, los socios y las audiencias. Si el mercado vuelve a abrir, quienes hayan mantenido esa estructura regresarán con su red de contactos, su trayectoria y sus datos preparados, sin tener que empezar de cero”.
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