Los mayores perdedores del mundo: la compleja relación de Australia con el juego


Por: Tril­by Browne

En la segun­da parte de su inves­ti­gación sobre los aspec­tos más oscuros de la indus­tria del juego en Aus­tralia, Tril­by Browne, de la Unidad de Inves­ti­ga­ciones Espe­ciales de iGF, anal­iza el impacto de la adic­ción a las máquinas trag­a­monedas, los jun­kets y un rég­i­men reg­u­la­to­rio que pre­sen­ta impor­tantes defi­cien­cias.

“Y desearía encon­trar las pal­abras ade­cuadas para hac­erte sen­tir mejor y que puedas salir de este lugar”, canta­ba Tim Freed­man, líder de la ban­da The Whit­lams, en su éxi­to de 1999 Blow Up the Pok­ies.

Las pok­ies —como se conoce en Aus­tralia a las máquinas trag­a­monedas o trag­a­monedas elec­tróni­cas— for­man parte del paisaje cotid­i­ano del país. Están pre­sentes en pubs, clubes y casi­nos de todos los esta­dos y ter­ri­to­rios.

Según el Aus­tralia Insti­tute, Aus­tralia alber­ga el 18 % de todas las máquinas trag­a­monedas del mun­do, pese a con­tar con menos del 1 % de la población mundi­al.

Las pok­ies no son sim­ple­mente un pasatiem­po mar­gin­al en la Tier­ra de los Can­guros; son el prin­ci­pal motor de la enorme afi­ción nacional por el juego. Y ese apeti­to desme­di­do comien­za a mostrar sín­tomas pre­ocu­pantes.

En mayo del año pasa­do, Moun­ties, uno de los gigantes de la indus­tria de las trag­a­monedas, fue acu­sa­do por AUSTRAC, el organ­is­mo aus­traliano encar­ga­do de com­bat­ir el lava­do de dinero, de per­mi­tir que apos­ta­dores movier­an alrede­dor de AUD$140 mil­lones (£74 mil­lones) de dinero ilíc­i­to.

Des­de entonces, el reg­u­lador ini­ció acciones civiles con­tra el grupo con sede en Síd­ney, ale­gan­do en doc­u­men­tos judi­ciales que la orga­ni­zación había aten­di­do a “innu­mer­ables clientes sin con­troles ade­cua­dos”.

En esta segun­da parte de la inves­ti­gación de iGam­ing­Fu­ture sobre el panora­ma del juego en Aus­tralia, analizare­mos los pro­fun­dos prob­le­mas de cor­rup­ción que afectan a la indus­tria.

Junkets, corrupción y crimen organizado

Aus­tralia lle­va décadas enfrentan­do prob­le­mas de cor­rup­ción vin­cu­la­dos a sus casi­nos físi­cos y a las activi­dades económi­cas que los rodean.

Hace seis años, una impor­tante inves­ti­gación de AUSTRAC rev­eló que más de 1.000 pro­gra­mas de jun­kets oper­a­ban en todo el país, con casi dos de cada tres casi­nos tra­ba­jan­do jun­to a oper­adores de este tipo.

Las pok­ies, o máquinas trag­a­monedas, se han con­ver­tido en una obsesión nacional, cuan­do no en una ver­dadera adic­ción, impul­san­do a los apos­ta­dores aus­tralianos a con­ver­tirse en los may­ores perde­dores del juego a niv­el mundi­al.

El informe advir­tió que muchas de estas opera­ciones habían sido infil­tradas por orga­ni­za­ciones crim­i­nales, incluyen­do redes del crimen orga­ni­za­do asiáti­co y sindi­catos inter­na­cionales ded­i­ca­dos al lava­do de dinero.

Los oper­adores de jun­kets orga­ni­zan paque­tes turís­ti­cos que lle­van clientes a casi­nos y otros cen­tros de entreten­imien­to. A cam­bio de atraer jugadores de alto poder adquis­i­ti­vo, reciben comi­siones basadas en la activi­dad de juego.

En muchos casos, además, admin­is­tran y cus­to­di­an direc­ta­mente los fon­dos de los jugadores, per­mi­tién­doles con­cen­trarse exclu­si­va­mente en apos­tar.

Lavado de dinero

Este mod­e­lo gen­era impor­tantes vul­ner­a­bil­i­dades para el lava­do de activos, ya que los fon­dos y las transac­ciones sue­len agru­parse bajo el nom­bre del oper­ador del jun­ket, mien­tras que los casi­nos tienen escasa vis­i­bil­i­dad sobre los acuer­dos financieros exis­tentes entre el oper­ador y cada cliente.

El informe de AUSTRAC detec­tó casi AUD$382 mil­lones (£203,5 mil­lones) en transac­ciones sospe­chosas solo durante 2020, de las cuales cer­ca de la mitad pre­senta­ban indi­cios de lava­do de dinero.

Sin embar­go, no todos los casos estu­vieron rela­ciona­dos con los jun­kets.

En 2023, Crown Resorts recibió una mul­ta de AUD$80 mil­lones (£59 mil­lones) tras acep­tar ile­gal­mente tar­je­tas ban­car­ias chi­nas en su casi­no de Mel­bourne. El uso de tar­je­tas ban­car­ias para apos­tar está estric­ta­mente pro­hibido por la leg­is­lación aus­traliana, en parte como medi­da para reducir tan­to el lava­do de dinero como la ludopatía.

Pruebas con sistemas sin efectivo y reforma regulatoria

Ante la cre­ciente pre­ocu­pación por los daños aso­ci­a­dos al juego y el lava­do de dinero, el esta­do de Nue­va Gales del Sur comen­zó en 2024 a pro­bar sis­temas de juego sin efec­ti­vo en deter­mi­na­dos establec­imien­tos.

El obje­ti­vo era claro: reducir las transac­ciones anón­i­mas en efec­ti­vo y aumen­tar la traz­abil­i­dad de las apues­tas real­izadas en las máquinas trag­a­monedas.

Los doc­u­men­tos ofi­ciales y diver­sos informes de exper­tos pre­sen­taron estos sis­temas como una posi­ble her­ramien­ta para mejo­rar la trans­paren­cia y dis­minuir el ries­go de deli­tos financieros.

Sin embar­go, el ensayo estatal de doce meses fue cal­i­fi­ca­do como “un fra­ca­so abso­lu­to”, ya que de los 243 par­tic­i­pantes solo 14 fueron con­sid­er­a­dos usuar­ios activos gen­uinos de las máquinas elec­tróni­cas.


La leg­en­daria Gold Coast de Aus­tralia, con sus numerosos casi­nos, se ha con­ver­tido en un des­ti­no predilec­to para los lla­ma­dos jun­kets o via­jes orga­ni­za­dos de juego, una activi­dad que con­ll­e­va impor­tantes ries­gos de lava­do de dinero.

Des­de el 31 de mar­zo de este año, Aus­tralia puso en vig­or la Ley de Enmien­da con­tra el Lava­do de Dinero y la Finan­ciación del Ter­ror­is­mo de 2024, una refor­ma dis­eña­da para respon­der a las cre­cientes críti­cas de que el país no cumplía con los están­dares inter­na­cionales estable­ci­dos por el Grupo de Acción Financiera Inter­na­cional (FATF).

Las nuevas obliga­ciones en mate­ria de pre­ven­ción de lava­do de dinero y finan­ciación del ter­ror­is­mo incluyen el denom­i­na­do “juego oblig­a­to­rio con tar­je­ta” (manda­to­ry card­ed play) en las máquinas elec­tróni­cas, lo que obliga a los jugadores a reg­is­trarse antes de poder apos­tar. Estas medi­das son aho­ra oblig­a­to­rias para todos los casi­nos físi­cos aus­tralianos y son super­visadas por AUSTRAC.

Aunque los defen­sores de una may­or reg­u­lación con­sid­er­an que se tra­ta de un avance pos­i­ti­vo, todavía está por verse la ver­dadera efi­ca­cia de estas nuevas medi­das leg­isla­ti­vas.

Bajo presión

El debate reg­u­la­to­rio sobre el juego y la cor­rup­ción no se ha lim­i­ta­do úni­ca­mente a los casi­nos.

Entre junio de 2023 y mar­zo de 2025, var­ios políti­cos aus­tralianos reci­bieron aprox­i­mada­mente AUD$245.000 (unas £130.000) en entradas para par­tidos de la Aus­tralian Foot­ball League (AFL) y de la Nation­al Rug­by League (NRL), como parte de una cam­paña de pre­sión des­ti­na­da a fre­nar nuevas refor­mas sobre el juego.

Esta gen­erosa hos­pi­tal­i­dad no fue casu­al.

Se pro­du­jo poco después de la pub­li­cación del históri­co Informe Mur­phy, pre­sen­ta­do en junio de 2023, que anal­izó en pro­fun­di­dad los daños deriva­dos del juego.

En aquel momen­to, el gob­ier­no fed­er­al estu­di­a­ba imple­men­tar una pro­hibi­ción inte­gral de la pub­li­ci­dad de apues­tas online recomen­da­da por dicho informe. Sin embar­go, la ini­cia­ti­va leg­isla­ti­va ter­minó estancán­dose.

El senador David Pocock cal­i­ficó el niv­el de pre­sión ejer­ci­do sobre los leg­is­ladores como “pro­fun­da­mente pre­ocu­pante”.

Asimis­mo, con­sid­eró “lam­en­ta­ble” que no se hubier­an impul­sa­do refor­mas sig­ni­fica­ti­vas tras la pub­li­cación del Informe Mur­phy.

Lobby legal

Políti­cos de los dos prin­ci­pales par­tidos aus­tralianos reci­bieron cien­tos de entradas gra­tu­itas durante ese perío­do.

Este tipo de lob­by no es ile­gal en Aus­tralia, aunque los obse­quios que super­an deter­mi­na­do val­or deben ser declar­a­dos en el reg­istro par­la­men­tario.

El primer min­istro Antho­ny Albanese, del Par­tido Laborista, quien este año anun­ció nuevas restric­ciones par­ciales a la pub­li­ci­dad del juego, defendió su pos­tu­ra afir­man­do:

“Esta­mos encon­tran­do el equi­lib­rio ade­cua­do. Per­miti­mos que los adul­tos apuesten si así lo desean, pero no quer­e­mos que nue­stros niños crez­can creyen­do que el fút­bol y las apues­tas son insep­a­ra­bles.”

Según el reg­istro par­la­men­tario, Albanese recibió más de AUD$29.000 (£15.140) en entradas, prin­ci­pal­mente para finales y par­tidos del South Syd­ney Rab­bitohs, el equipo aus­traliano del que es afi­ciona­do.

En medio de este inten­so debate reg­u­la­to­rio, las encues­tas mues­tran que el 76 % de los aus­tralianos apoya una pro­hibi­ción total de la pub­li­ci­dad rela­ciona­da con las apues­tas.

El crecimiento del mercado gris

Los oper­adores ile­gales ya rep­re­sen­tan el 36 % del mer­ca­do aus­traliano de juego online.

Un informe de Respon­si­ble Wager­ing Aus­tralia rev­eló que el mer­ca­do off­shore se ha dupli­ca­do des­de 2019 y actual­mente con­cen­tra más de un ter­cio de toda la activi­dad de iGam­ing del país.

En 2024, este mer­ca­do alcanzó los AUD$3.900 mil­lones (£2.040 mil­lones) y las pre­vi­siones indi­can que lle­gará a los AUD$5.000 mil­lones (£2.600 mil­lones) para 2029.

El lla­ma­do mer­ca­do gris del iGam­ing —com­puesto por platafor­mas off­shore y oper­adores sin licen­cia que ofre­cen ser­vi­cios a jugadores aus­tralianos al mar­gen del mar­co reg­u­la­to­rio nacional— con­tinúa expandién­dose.

No da una bue­na ima­gen: el primer min­istro Antho­ny Albanese ha acep­ta­do con gus­to entradas gra­tu­itas para ver a su equipo favorito de fút­bol aus­traliano, los South Syd­ney Rab­bitohs.

Aunque los casi­nos online están pro­hibidos por la Ley de Juego Inter­ac­ti­vo de 2001 y des­de mar­zo entró en vig­or un nue­vo rég­i­men de pre­ven­ción de lava­do de dinero, las autori­dades siguen lim­i­tadas prin­ci­pal­mente al blo­queo de sitios web y la inter­rup­ción de ser­vi­cios, sin capaci­dad real para con­tro­lar direc­ta­mente a los oper­adores extran­jeros.

El resul­ta­do es un autén­ti­co juego del gato y el ratón.

No cabe duda de que la reg­u­lación domés­ti­ca se ha endure­ci­do. Sin embar­go, la deman­da sim­ple­mente se ha desplaza­do hacia la amplia ofer­ta disponible en platafor­mas off­shore, mucho más difí­ciles de ras­trear, super­vis­ar y con­tro­lar.

¿Fuera de control o fuera de alcance?

En con­jun­to, las evi­den­cias mues­tran un sis­tema someti­do a una pre­sión con­stante des­de múlti­ples frentes.

Las redes de jun­kets han deja­do al des­cu­bier­to impor­tantes vul­ner­a­bil­i­dades en el seg­men­to de alto val­or de los casi­nos; las platafor­mas off­shore con­tinúan expandién­dose fuera del alcance de los reg­u­ladores; y la influ­en­cia políti­ca se ha insta­l­a­do en el entorno del deporte y el entreten­imien­to.

Cada uno de estos sec­tores está reg­u­la­do. Sin embar­go, la ausen­cia de un organ­is­mo nacional úni­co encar­ga­do de super­vis­ar el juego provo­ca que la reg­u­lación sea frag­men­ta­da, incon­sis­tente y poco coor­di­na­da.

El mar­co reg­u­la­to­rio aus­traliano per­manece divi­di­do, mien­tras que la pro­tec­ción de los jugadores, la pre­ven­ción de deli­tos financieros y la super­visión reg­u­la­to­ria com­piten entre sí en lugar de com­ple­men­tarse.

Den­tro de este sis­tema, el dinero, la influ­en­cia políti­ca y la reg­u­lación oper­an en dis­tin­tos nive­les que siguen sien­do, en gran medi­da, opa­cos.

Aunque no existe un úni­co pun­to de fra­ca­so insti­tu­cional clara­mente iden­ti­fi­ca­ble, la estruc­tura frag­men­ta­da del sis­tema reg­u­la­to­rio aus­traliano está fal­lan­do tan­to a los ciu­dadanos como a la propia indus­tria del juego y a quienes prac­ti­can el juego respon­s­able.

Y has­ta que los leg­is­ladores logren tomar un ver­dadero con­trol de la situación, los aus­tralianos seguirán sien­do, en tér­mi­nos colec­tivos, los may­ores perde­dores del mun­do de las apues­tas.

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