Carta desde América 21


Nuevas rev­ela­ciones sobre el auge del mer­ca­do ilíc­i­to de iGam­ing en Esta­dos Unidos, que ya alcan­za casi los US$100 mil mil­lones, encabezan nues­tra más reciente Car­ta des­de Améri­ca.

Durante décadas, la ver­dadera mag­ni­tud del mer­ca­do de apues­tas ile­gales en EE. UU. se ha man­tenido ocul­ta en las som­bras. Por su propia nat­u­raleza, una indus­tria no reg­u­la­da es difí­cil de medir. Pero aho­ra, la tec­nología está empezan­do a cor­rer el velo.

Y lo que rev­ela es impac­tante.

Un informe pub­li­ca­do esta sem­ana afir­ma que el cues­tion­a­do mer­ca­do de iGam­ing en EE. UU. es más grande que todo el mer­ca­do reg­u­la­do.

Y si los mod­e­los se acer­can siquiera a la real­i­dad, sur­gen serias pre­gun­tas sobre en dónde está real­mente el auge de las apues­tas en EE. UU.

Crec­imien­to explo­si­vo del mer­ca­do ile­gal

Gam­ing Com­pli­ance Inter­na­tion­al (GCI) esti­ma que los ingre­sos bru­tos del mer­ca­do de iGam­ing no reg­u­la­do en EE. UU. alcan­zaron los US$97.4 mil mil­lones (£72.1 mil mil­lones) en 2025, un asom­broso aumen­to del 45% com­para­do con los US$67.1 mil mil­lones (£49.7 mil mil­lones) de 2024.

Esto supera los US$78.7 mil mil­lones (£58.2 mil mil­lones) gen­er­a­dos por la indus­tria com­er­cial y en línea reg­u­la­da de Esta­dos Unidos, de acuer­do con la Aso­ciación Amer­i­cana de Apues­tas (AGA).

Uti­lizan­do trá­fi­co web, datos pro­pios e inteligen­cia arti­fi­cial (además de otros indi­cadores), GCI cal­cu­la que el mer­ca­do total en línea de EE. UU. lle­ga a unos impac­tantes US$125.6 mil mil­lones (£93 mil mil­lones), con oper­adores no reg­u­la­dos cap­tan­do el 77%.

El informe argu­men­ta que ‑al con­trario de la creen­cia usu­al de que la expan­sión reduce el juego ile­gal- “en ausen­cia de mon­i­toreo, con­trol y acción con­tra el sec­tor ilíc­i­to, toda expan­sión sólo ayu­da a cre­cer el mer­ca­do total disponible para todas las for­mas de apues­tas en línea”.

En el ojo del huracán

En protes­ta por las nuevas reglas sobre ter­mi­nales de jue­gos de video (VGTs), el gigante Bal­ly’s detu­vo la con­struc­ción de su casi­no de US$1.7 mil mil­lones (£1.3 mil mil­lones) en la lla­ma­da Ciu­dad de los Vien­tos, Chica­go.

El pre­supuesto estatal de Illi­nois, aproba­do hace pocos meses, lev­an­tó una pro­hibi­ción históri­ca de VGTs, per­mi­tien­do a bares, restau­rantes y hote­les solic­i­tar per­misos con la esper­an­za de gener­ar US$6.8 mil­lones (£5 mil­lones) extras en impuestos.

Pero Bal­ly’s afir­ma que la “pro­lif­eración descon­tro­la­da” de VGTs en Chica­go vio­la el acuer­do con la comu­nidad anfitri­ona, agre­gan­do que no toma a la lig­era la decisión de pausar la con­struc­ción de las áreas no rela­cionadas con jue­gos de azar.

La empre­sa espera poder entablar diál­o­gos más pro­duc­tivos con leg­is­ladores en Chica­go en el futuro.

Bajo pre­sión

Las Tribus indí­ge­nas de Wis­con­sin ded­i­cadas al juego —tam­bién cono­ci­do como el Esta­do tejón— están nego­cian­do cómo fun­cionará el nue­vo mer­ca­do estatal de apues­tas deporti­vas, luego de que el gob­er­nador Tony Evers (demócra­ta) aprobó en abril una ley exclu­si­va para apues­tas deporti­vas trib­ales bajo el mod­e­lo hub-and-spoke.

Pero ya se aso­man prob­le­mas.

El Insti­tu­to de Dere­cho y Lib­er­tad de Wis­con­sin está impug­nan­do la Asam­blea Bill 601, argu­men­tan­do que una enmien­da con­sti­tu­cional de 1993 exige aprobación de los votantes para nuevas for­mas de jue­gos de azar.

Y la dis­pu­ta es com­pli­ca­da.

Los servi­dores de apues­tas estarán en ter­ri­to­rios trib­ales, pero las apues­tas podrán hac­erse en todo el esta­do. Así que el caso prob­a­ble­mente depen­derá de dónde se deter­mine legal­mente que se real­iza la apues­ta.

Si los tri­bunales deci­den que es en tier­ras trib­ales, la enmien­da quedará sin efec­to.

Ya vimos este debate en Flori­da entre 2021 y 2023.

Final­mente, los tri­bunales deci­dieron que las apues­tas en el Esta­do del Sol se real­iz­a­ban en ter­ri­to­rio trib­al, con lo que la tribu Semi­nole ase­guró un monop­o­lio estatal de apues­tas deporti­vas por 30 años.

“Si cam­i­na como pato…”

“Si cam­i­na como pato y graz­na como pato, es un pato”.

Var­ios leg­is­ladores esta­dounidense han usa­do esta analogía para argu­men­tar que los con­tratos de even­tos deportivos ofre­ci­dos en mer­ca­dos de predic­ción son, en real­i­dad, apues­tas deporti­vas.

Aho­ra, inclu­so la Comisión Reg­u­lado­ra de Futur­os de Mate­rias Pri­mas (CFTC) parece estar con­fun­di­da con las defini­ciones.

En un comu­ni­ca­do pub­li­ca­do la sem­ana pasa­da, la comisión advir­tió a enti­dades reg­u­ladas que no deben “mostrar infor­ma­ción de pre­cios en el for­ma­to de prob­a­bil­i­dades ‘amer­i­canas’ usa­do por las casas de apues­tas de casi­no”, ya que podría ser “engañoso”.

O quizás, como acu­san críti­cos, demasi­a­do direc­to.

Apo­s­tan­do fuerte

Heather Mau­r­er, direc­to­ra ejec­u­ti­va del Con­se­jo Nacional de Juego Prob­lemáti­co (NCPG), ha redobla­do su pos­tu­ra al defend­er la reciente donación de US$2 mil­lones (£1.5 mil­lones) de Kalshi a la orga­ni­zación —el úni­co ser­vi­cio nacional para apoyo a per­sonas con adic­ción y daños por apues­tas en EE. UU.

Mau­r­er dijo a Gam­bling Insid­er que los mer­ca­dos de predic­ción son “la más reciente evolu­ción de platafor­mas tipo apues­tas” y que “fun­cional­mente, son apues­tas”.

Agregó: “Cualquiera que obten­ga ganan­cias del juego tiene una obligación éti­ca y financiera de ayu­dar a lim­i­tar el daño que puede causar”.

“No podemos pedir seri­amente a quienes lucran con el juego que invier­tan en reduc­ción de daños y después criti­car­los por hac­er jus­ta­mente eso”.

Has­ta aho­ra, per­mi­tir la mem­bresía de Kalshi —cuo­tas anuales de US$15,000 (£11,100)— ha provo­ca­do que la Jun­ta de Con­trol de Jue­gos de Michi­gan y el Con­se­jo de Juego Prob­lemáti­co de Neva­da salier­an de la NCPG.

Y, paradóji­ca­mente, quizá Mau­r­er logró zan­jar defin­i­ti­va­mente el debate de que Kalshi y los mer­ca­dos de predic­ción sim­i­lares, sí, son real­mente sitios de apues­tas.

¡Habrá que seguir aten­tos!

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