Ganar el Desafío de la Tributación con GiG


Con las juris­dic­ciones del juego enfrentan­do en todas partes el espec­tro de regímenes fis­cales en aumen­to expo­nen­cial, en esta colab­o­ración espe­cial para iGam­ing­Fu­ture, Clau­dio Caru­a­na, asesor jurídi­co gen­er­al de Gam­ing Inno­va­tion Group, demues­tra de man­era con­vin­cente que existe un camino claro a través del cam­po mina­do de la trib­utación.

Sin duda, la reg­u­lación —cuan­do se eje­cu­ta con pre­cisión— es una fuerza pos­i­ti­va, escribe Clau­dio Caru­a­na, asesor jurídi­co gen­er­al de Gam­ing Inno­va­tion Group (GiG).

En el eco­sis­tema glob­al del iGam­ing, un mar­co reg­u­la­to­rio sóli­do obliga a la respon­s­abil­i­dad cor­po­ra­ti­va, garan­ti­za la seguri­dad de los jugadores y pro­mueve prác­ti­cas empre­sar­i­ales sostenibles.

Debe cumplir una fun­ción higiéni­ca vital: cor­tar el oxígeno a los oper­adores abu­sivos, erradicar el fraude y desvin­cu­lar a la indus­tria de cualquier aso­ciación históri­ca con activi­dades ilíc­i­tas o crim­i­nales.

Sin duda, los mer­ca­dos sostenibles requieren reglas sostenibles.

Pero existe una difer­en­cia impor­tante entre reg­u­lar una indus­tria por el bien públi­co y cani­balizarla para tapar agu­jeros fis­cales macro­económi­cos. Solo una de esas opciones pro­por­ciona un mer­ca­do sostenible que elim­i­na las ile­gal­i­dades.

Actual­mente esta­mos pres­en­cian­do una pre­sión reg­u­la­to­ria glob­al impul­sa­da no por una pre­ocu­pación repenti­na por la éti­ca de los jugadores, sino por una búsque­da deses­per­a­da de ingre­sos fis­cales rápi­dos.

Los gob­ier­nos occi­den­tales, car­ga­dos con cre­cientes deu­das nacionales y enfrentan­do déficits socioe­conómi­cos estruc­turales, están tratan­do al sec­tor del juego dig­i­tal como si fuera un cajero automáti­co infini­to.

Esta recau­dación cor­to­placista está con­de­na­da al fra­ca­so. Existe sufi­ciente evi­den­cia empíri­ca que demues­tra que, cuan­do los gob­ier­nos gra­van y reg­u­lan en exce­so un hábito de con­sumo, no elim­i­nan la deman­da. Sim­ple­mente entre­gan las llaves del mer­ca­do a oper­adores clan­des­ti­nos.

¿Desesperación por encima de la lógica?

El ejem­p­lo más evi­dente de esta ten­den­cia se está desar­rol­lan­do en el Reino Unido.

Frente al aumen­to de la deu­da nacional, el gob­ier­no británi­co ha recur­ri­do a medi­das fis­cales agre­si­vas que impactan fuerte­mente al sec­tor del entreten­imien­to dig­i­tal.

El ya infame Pre­supuesto de Otoño de la can­ciller Rachel Reeves ases­tó un duro golpe a la indus­tria medi­ante un incre­men­to sin prece­dentes del Impuesto sobre el Juego Remo­to (RGD) apli­ca­do a los casi­nos en línea, pasan­do del 21 % a un impac­tante 40 %, además de un aumen­to diferi­do del 10 % en el Impuesto sobre Apues­tas Remo­tas, eleván­do­lo al 25 % a par­tir del próx­i­mo año.

El obje­ti­vo declar­a­do es claro: extraer £1.100 mil­lones adi­cionales al año para 2030 con el fin de cubrir los déficits financieros del Tesoro.

¿Por qué el gob­ier­no ha apun­ta­do al juego?

Impuestos al “pecado”

La respues­ta bru­tal y moral­mente cues­tion­able, creo yo, es porque sus fuentes alter­na­ti­vas de “impuestos al peca­do” se han der­rum­ba­do por com­ple­to.

Históri­ca­mente, el taba­co era una fuente con­fi­able de ingre­sos para el Esta­do.

Pero los datos recientes mues­tran un déficit severo. Las ven­tas legales de taba­co se redu­jeron a la mitad en un perío­do de cua­tro años, provo­can­do que la recau­dación total por impuestos al taba­co cay­era de £10.400 mil­lones a £7.900 mil­lones. Las altas tasas impos­i­ti­vas empu­jaron entre el 35 % y el 46 % de los cig­a­r­ril­los con­sum­i­dos hacia canales ilíc­i­tos sin impuestos, cre­an­do un enorme déficit fis­cal anu­al de £7.000 mil­lones en el mer­ca­do negro.

El Esta­do tam­poco puede com­pen­sar fácil­mente esta pér­di­da aumen­tan­do los impuestos al alco­hol. Hac­er­lo impli­caría un rec­ha­zo inmedi­a­to de los votantes en una cul­tura pro­fun­da­mente arraiga­da al con­sumo de alco­hol, además de una fuerte oposi­ción de regiones depen­di­entes de su pro­duc­ción.

En con­se­cuen­cia, el juego dig­i­tal se ha con­ver­tido en el obje­ti­vo más fácil.

Los reg­u­ladores argu­men­tan que estas subidas fis­cales están dis­eñadas para reducir daños.

Pero en real­i­dad, el Esta­do sim­ple­mente está uti­lizan­do al sec­tor como mecan­is­mo para equi­li­brar sus cuen­tas.

Para nave­g­ar este entorno de man­era segu­ra, los oper­adores con visión de futuro ya están reeval­u­an­do su tec­nología y eligien­do platafor­mas con­sol­i­dadas y con­fi­ables, como las de GiG, que ofre­cen infraestruc­turas tec­nológ­i­cas ágiles, autom­a­ti­zación, expe­ri­en­cias de usuario supe­ri­ores y sóli­dos sis­temas de pro­tec­ción al jugador basa­dos en enfo­ques de gestión de ries­gos que fomen­tan la fidel­i­dad del usuario.

El regreso del contrabandista

Esta estrate­gia agre­si­va igno­ra una ver­dad históri­ca fun­da­men­tal: los seres humanos siem­pre bus­carán entreten­imien­to y ries­go.

Expul­sar del mer­ca­do a los oper­adores legí­ti­mos y con licen­cia no detiene el juego; sim­ple­mente lo redirige.

El mer­ca­do del juego neer­landés ya sufrió un des­ti­no sim­i­lar.

Tras el aumen­to fis­cal del 30,5 % al 34,2 % el 1 de enero de 2025, la autori­dad reg­u­lado­ra neer­lan­desa KSA real­izó una eval­u­ación for­mal del impacto. Admi­tió que el aumen­to de impuestos fue un fra­ca­so en tér­mi­nos de ingre­sos guber­na­men­tales porque provocó una con­trac­ción de los Ingre­sos Bru­tos del Juego (GGR) del mer­ca­do legal. Como con­se­cuen­cia, tam­bién dis­min­uyeron los ingre­sos fis­cales prove­nientes del juego.

El pres­i­dente de la KSA declaró que una medi­da impul­sa­da financiera­mente, como el impuesto al juego, entra en con­flic­to con el obje­ti­vo políti­co de ofre­cer may­or pro­tec­ción a los jugadores.

Durante la déca­da de 1920, Esta­dos Unidos inten­tó elim­i­nar el con­sumo de alco­hol medi­ante la 18.ª Enmien­da. El resul­ta­do no fue una nación sobria, sino la creación de un impe­rio crim­i­nal vio­len­to y sin impuestos dirigi­do por con­tra­ban­dis­tas. Asfix­i­ar el mer­ca­do crea un vacío que el crimen orga­ni­za­do siem­pre está dis­puesto a llenar.

Al duplicar la car­ga fis­cal sobre los oper­adores con licen­cia, los gob­ier­nos hacen financiera­mente imposi­ble que las empre­sas legí­ti­mas com­pi­tan en cuo­tas, bonifi­ca­ciones e incen­tivos. Los prin­ci­pales oper­adores ya han adver­tido que un RGD del 40 % crea un entorno en el que más del 60 % de los ingre­sos totales quedan absorbidos por impuestos y tasas.

Esto deja a las empre­sas con dos opciones: degradar el pro­duc­to para el con­sum­i­dor o aban­donar la juris­dic­ción.

Cuan­do las opciones legí­ti­mas se dete­ri­o­ran y los pro­duc­tos del mer­ca­do legal son infe­ri­ores a los del mer­ca­do negro, los con­sum­i­dores migran nat­u­ral­mente al mer­ca­do ilíc­i­to.

El con­tra­ban­dista dig­i­tal mod­er­no no opera des­de un sótano ocul­to; existe a través de casi­nos de crip­tomonedas sin licen­cia y sitios off­shore no reg­u­la­dos acce­si­bles con un sim­ple clic.

Y ese mer­ca­do ile­gal opera sin car­ga trib­u­taria, sin cos­tos de cumplim­ien­to y sin redes de pro­tec­ción para los jugadores.

Para evi­tar esta migración, las mar­cas legales deben man­ten­erse abso­lu­ta­mente enfo­cadas en la inter­ac­ción inmedi­a­ta con el jugador, uti­lizan­do motores de autom­a­ti­zación en tiem­po real como Log­icX para ofre­cer incen­tivos per­son­al­iza­dos instan­tá­neos que el sec­tor off­shore no puede replicar legal­mente.

La supervivencia de los tecnológicamente sólidos

A medi­da que esta pre­sión reg­u­la­to­ria se inten­si­fique a niv­el glob­al, el entorno oper­a­ti­vo será cada vez más hos­til. Los nego­cios mar­ginales y mal opti­miza­dos, que depen­den de arqui­tec­turas heredadas, verán cómo sus már­genes desa­pare­cen com­ple­ta­mente debido a la car­ga fis­cal y de cumplim­ien­to.

En esta nue­va era, solo sobre­vivirán los oper­adores más sóli­dos y aque­l­los con­stru­i­dos sobre mar­cos tec­nológi­cos mod­er­nos, flex­i­bles y com­pat­i­bles con las reg­u­la­ciones.

Para sopor­tar esta doble pre­sión de altos impuestos y cumplim­ien­to estric­to, los oper­adores nece­si­tan infraestruc­turas tec­nológ­i­cas alta­mente inteligentes y adapt­a­bles.

Las platafor­mas deben uti­lizar arqui­tec­turas de datos en tiem­po real, como DataX, para obten­er una vis­i­bil­i­dad pro­fun­da de los sis­temas y reducir los cos­tos inter­nos de cumplim­ien­to.

La super­viven­cia requiere la capaci­dad de adap­tar instan­tánea­mente las expe­ri­en­cias del usuario, autom­a­ti­zar flu­jos de cumplim­ien­to y opti­mizar cos­tos oper­a­tivos sin afec­tar el tiem­po de activi­dad.

Y con­ver­tir una reg­u­lación estric­ta en una ven­ta­ja com­er­cial tan­gi­ble ya no es un lujo. Es la base de la resisten­cia cor­po­ra­ti­va.

Advertencia

La adver­ten­cia para los gob­ier­nos es sim­ple: no destruyan el mer­ca­do legal.

Asfix­i­ar a los oper­adores con licen­cia para reparar las cuen­tas nacionales es un fra­ca­so históri­co com­pro­ba­do. Destruye la recau­dación fis­cal, des­man­tela la pro­tec­ción al con­sum­i­dor y entre­ga el con­trol del mer­ca­do direc­ta­mente a actores mali­ciosos.

La reg­u­lación debe uti­lizarse para alcan­zar obje­tivos nobles: impon­er respon­s­abil­i­dad cor­po­ra­ti­va, pro­mover el juego sostenible y con­stru­ir una indus­tria estable y duradera. Con­ver­tir a un sec­tor alta­mente reg­u­la­do en un chi­vo expi­a­to­rio fis­cal inevitable­mente ten­drá con­se­cuen­cias neg­a­ti­vas.

En esta batal­la reg­u­la­to­ria y fis­cal, solo pros­per­arán los “cow­boys” de un mer­ca­do clan­des­ti­no y descon­tro­la­do. Paradóji­ca­mente, el Esta­do ter­mi­nará con una tesor­ería vacía y un prob­le­ma de juego fuera de con­trol.

En este nue­vo mun­do incier­to y cada vez más com­ple­jo del juego, solo los oper­adores tec­nológi­ca­mente avan­za­dos, respal­da­dos por entornos seguros, autom­a­ti­za­dos y alta­mente adapt­a­bles —como el eco­sis­tema de GiG— ten­drán la resilien­cia nece­saria para sobre­vivir a la cri­sis.

Clau­dio Caru­a­na es asesor jurídi­co gen­er­al de Gam­ing Inno­va­tion Group, donde lid­era las fun­ciones legales, reg­u­la­to­rias y de cumplim­ien­to de la empre­sa en múlti­ples mer­ca­dos inter­na­cionales. Con amplia expe­ri­en­cia en gob­ier­no cor­po­ra­ti­vo, dere­cho com­er­cial y mar­cos reg­u­la­to­rios com­ple­jos den­tro de la indus­tria glob­al del iGam­ing, Clau­dio desem­peña un papel clave en el apoyo al crec­imien­to estratégi­co de GiG, su expan­sión de mer­ca­do y su inte­gri­dad oper­a­ti­va. Es ampli­a­mente recono­ci­do por su enfoque prag­máti­co hacia el cumplim­ien­to nor­ma­ti­vo y por su capaci­dad para nave­g­ar el cam­biante panora­ma reg­u­la­to­rio del juego en línea.

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