Marketing en tiempos de IA: Dafne Ruhr y el futuro de las marcas en gaming


Atlantic City Casi­no & Sports en Perú está cel­e­bran­do sus 30 años y recien­te­mente lo con­mem­o­ró con una cam­paña pro­tag­on­i­za­da por el exdi­rec­tor téc­ni­co de la selec­ción peru­a­na, Ricar­do Gare­ca. Bajo el lema “Jue­ga seguro, jue­ga en Atlantic”, la mar­ca refuerza su posi­cionamien­to en torno a la con­fi­an­za y el juego respon­s­able. En ese con­tex­to, IGF con­ver­só con Dafne Ruhr, gerenta de mar­ket­ing de la com­pañía, sobre el cre­ciente rol de la inteligen­cia arti­fi­cial en la indus­tria del gam­ing.

Durante la entre­vista, Ruhr reflex­iona sobre cómo la IA está trans­for­man­do el mar­ket­ing y la cre­ativi­dad, y sobre la man­era en que las mar­cas pueden aprovechar estas her­ramien­tas sin perder aut­en­ti­ci­dad. A lo largo de la con­ver­sación, desta­ca que la inteligen­cia arti­fi­cial per­mite opti­mizar pro­ce­sos, acel­er­ar cam­pañas y per­son­alizar expe­ri­en­cias, pero que las ideas, la sen­si­bil­i­dad cul­tur­al y la conex­ión emo­cional con­tinúan sien­do pro­fun­da­mente humanas.

La char­la tam­bién pro­fun­diza en los límites éti­cos del uso de datos y la per­son­al­ización extrema, espe­cial­mente en una cat­e­goría tan sen­si­ble como el gam­ing. Para Ruhr, la ver­dadera ven­ta­ja com­pet­i­ti­va no estará úni­ca­mente en la tec­nología, sino en el cri­te­rio, la estrate­gia y la capaci­dad de con­stru­ir mar­cas sól­i­das, coher­entes y con­fi­ables en el largo pla­zo.

IGF: A medi­da que el con­tenido gen­er­a­do por IA se vuelve más fre­cuente, ¿cómo ase­guras que la voz de tu mar­ca se man­ten­ga autén­ti­ca y emo­cional­mente res­o­nante, en lugar de sen­tirse autom­a­ti­za­da?

DR: A medi­da que la IA se vuelve más pre­sente, la aut­en­ti­ci­dad deja de ser un atrib­u­to cre­ati­vo y pasa a ser una decisión estratég­i­ca.

La tec­nología puede replicar tonos, estruc­turas y esti­los, pero no puede con­stru­ir una ver­dad de mar­ca. Y cuan­do no hay una ver­dad clara, la IA no ayu­da: ampli­fi­ca el vacío. La IA sí tiene un rol muy potente en la con­struc­ción de piezas comu­ni­ca­cionales, en la veloci­dad de pro­duc­ción y en el análi­sis del per­for­mance de las cam­pañas una vez que tienes resul­ta­dos. Es una her­ramien­ta extra­or­di­nar­ia para opti­mizar y escalar.

Pero en la parte cre­ati­va —la que real­mente conec­ta— todavía hay algo pro­fun­da­mente humano. El entendimien­to del feel­ing de la audi­en­cia, la sen­si­bil­i­dad cul­tur­al, la sus­tan­cia detrás de una idea… eso no se autom­a­ti­za.

Por eso, más que pre­gun­tarnos cómo usar IA, la pre­gun­ta cor­rec­ta es des­de dónde esta­mos con­struyen­do la voz de la mar­ca. En ese con­tex­to, el rol humano se vuelve aún más críti­co. La IA puede gener­ar con­tenido, pero nece­si­ta direc­ción, cri­te­rio y límites.

En nue­stro caso, la usamos como una her­ramien­ta de ampli­fi­cación, no de defini­ción. La voz de mar­ca no nace de un prompt, nace del insight, de la cul­tura y de la expe­ri­en­cia real que ofre­ce­mos. Porque en un entorno donde todo se puede gener­ar, lo úni­co que real­mente difer­en­cia es lo que no se puede autom­a­ti­zar.

La IA no con­struye mar­cas. Solo ampli­fi­ca lo que ya eres.

IGF: La IA per­mite una per­son­al­ización extrema—¿en qué pun­to la rel­e­van­cia comien­za a sen­tirse inva­si­va, espe­cial­mente en un con­tex­to de apues­tas donde el com­por­tamien­to del usuario puede ser sen­si­ble?

DR: La per­son­al­ización extrema tiene un límite claro: cuan­do deja de sen­tirse útil y empieza a sen­tirse incó­mo­da. Y ese límite no lo define la tec­nología, lo define la per­cep­ción del usuario. La IA puede recomen­dar. El cri­te­rio humano define el límite.

En una cat­e­goría como el gam­ing, donde el com­por­tamien­to puede ser sen­si­ble, esto es aún más rel­e­vante. Porque no se tra­ta solo de qué podemos hac­er con la data, sino de qué deberíamos hac­er.

La línea se cruza cuan­do la per­son­al­ización deja de apor­tar val­or y empieza a pre­sion­ar deci­siones. Por eso, más que hiperseg­men­tar, el reto es dis­eñar inter­ac­ciones que real­mente sumen. Si la per­son­al­ización ayu­da al usuario a tomar mejores deci­siones y ten­er una mejor expe­ri­en­cia, es rel­e­vante. Si solo bus­ca max­i­mizar su gas­to, se vuelve inva­si­va.

En ese con­tex­to, el rol humano sigue sien­do clave. La IA puede recomen­dar, pero las deci­siones estratég­i­cas deben man­ten­erse bajo un enfoque de human in the loop, donde existe cri­te­rio, super­visión y límites claros sobre cómo se uti­liza la infor­ma­ción. Ahí es donde la estrate­gia y la éti­ca dejan de ser con­cep­tos sep­a­ra­dos. Porque en el cor­to pla­zo puedes opti­mizar resul­ta­dos, pero en el largo pla­zo lo que real­mente con­struye val­or es la con­fi­an­za.

En gam­ing, la con­fi­an­za no es un difer­en­cial. Es la base sobre la que todo se con­struye.

IGF: ¿Vez la IA prin­ci­pal­mente como una her­ramien­ta que poten­cia la cre­ativi­dad humana en las cam­pañas, o crees que reem­plazará fun­da­men­tal­mente cier­tas partes del pro­ce­so cre­ati­vo?

DR: La IA está trans­for­man­do el pro­ce­so cre­ati­vo, pero no está reem­plazan­do la cre­ativi­dad. Está elim­i­nan­do fric­ciones: acel­era la pro­duc­ción, per­mite iter­ar más rápi­do y abre nuevas posi­bil­i­dades visuales y nar­ra­ti­vas. Hoy puedes pasar de idea a pro­totipo en horas. Pero la idea sigue sien­do el pun­to de par­ti­da.

Las cam­pañas que real­mente fun­cio­nan no nacen de prompts, nacen de enten­der a las per­sonas, de iden­ti­ficar insights y de conec­tar con la cul­tura. La IA puede ayu­darte a eje­cu­tar mejor y más rápi­do una idea, pero no a definir por qué esa idea impor­ta. En ese sen­ti­do, la IA no reem­plaza al cre­ati­vo, rede­fine su rol, y pasa a decidir qué idea vale la pena y qué real­mente conec­ta.

Y ahí es donde estruc­turas como las agen­cias inhouse cobran aún más rel­e­van­cia.

En nue­stro caso, Titán, nues­tra agen­cia inter­na, nos per­mite tra­ba­jar des­de el ADN de la mar­ca, con una cer­canía real al nego­cio, a la cul­tura y al con­sum­i­dor. Eso hace que la IA no solo acelere pro­ce­sos, sino que poten­cie ideas que ya nacen con una base estratég­i­ca sól­i­da.

Y en un entorno donde gener­ar con­tenido es cada vez más fácil, lo difí­cil vuelve a ser cap­tar aten­ción. La abun­dan­cia de estí­mu­los y con­tenidos hace más exi­gente el tra­ba­jo cre­ati­vo.

Por lo tan­to, más que reem­plazar la cre­ativi­dad, la IA está ele­van­do el están­dar.
Hoy no bas­ta con eje­cu­tar bien, hay que pen­sar mejor. La IA poten­cia la eje­cu­ción, pero el entendimien­to de mar­ca define el impacto.

IGF: La IA predi­cien­do el com­por­tamien­to del usuario con may­or pre­cisión, ¿cómo deberían los mar­keters en gam­ing trazar la línea entre una seg­mentación inteligente y prác­ti­cas poten­cial­mente explota­do­ras?

DR: La capaci­dad de pre­de­cir el com­por­tamien­to del usuario es uno de los avances más poderosos de la IA, pero tam­bién uno de los más del­i­ca­dos.

En gam­ing, la línea entre una seg­mentación inteligente y una prác­ti­ca explota­do­ra es muy fina. Para mí, esa línea se define por inten­ción: ¿esta­mos usan­do la data para con­stru­ir una mejor expe­ri­en­cia o para empu­jar un deter­mi­na­do com­por­tamien­to? La difer­en­cia puede pare­cer sutil, pero es estruc­tur­al. Porque cuan­do la data se usa para pre­sion­ar deci­siones, deja de ser per­son­al­ización y pasa a ser manip­u­lación. Por eso, más que tec­nología, lo que nece­si­ta­mos son límites claros sobre cómo se usa.

Las mar­cas que pien­san en el cor­to pla­zo opti­mizan cada inter­ac­ción para extraer val­or. Las que pien­san en el largo pla­zo dis­eñan expe­ri­en­cias que gen­er­an con­fi­an­za y seguri­dad, y apor­tan val­or real en cada pun­to de con­tac­to. Y en esta cat­e­goría, la con­fi­an­za no es un intan­gi­ble. Es el prin­ci­pal acti­vo del nego­cio. Por eso, el juego respon­s­able no es un com­ple­men­to, es parte de la estrate­gia.

IGF: A medi­da que las her­ramien­tas de IA se vuel­ven más acce­si­bles para todos, ¿de dónde ven­drá la ver­dadera ven­ta­ja com­pet­i­ti­va: de los datos, la cre­ativi­dad, la veloci­dad u otro fac­tor?

DR: A medi­da que la IA se democ­ra­ti­za, la ven­ta­ja deja de estar en el acce­so y pasa a estar en el cri­te­rio. Todos van a poder usar her­ramien­tas, autom­a­ti­zar pro­ce­sos y gener­ar con­tenido. Pero no todos van a saber qué hac­er con eso.

La difer­en­cia no va a estar en la tec­nología, sino en cómo se pien­sa: en ten­er clar­i­dad sobre qué prob­le­ma estás resolvien­do, en la capaci­dad de con­ver­tir datos en insights reales y en eje­cu­tar ideas que no solo exis­tan, sino que conecten.

Pero, sobre todo, en la capaci­dad de orques­tar expe­ri­en­cias de man­era con­sis­tente a lo largo de todo el jour­ney. Y es impor­tante enten­der que orques­tar no es solo autom­a­ti­zar men­sajes. Es enten­der el con­tex­to del usuario, decidir qué decir, cuán­do decir­lo, por qué canal y con qué propósi­to. Es lograr que cada pun­to de con­tac­to ten­ga sen­ti­do den­tro de una his­to­ria más grande.

Y ahí es donde la mar­ca vuelve a ser cen­tral. Porque puedes opti­mizar cada inter­ac­ción de for­ma ais­la­da, pero si no hay una nar­ra­ti­va coher­ente detrás, lo que con­struyes es efi­cien­cia sin sig­nifi­ca­do.

En un entorno donde todos pueden hac­er más, la ver­dadera difer­en­cia no estará en cuán­to haces, sino en la con­sis­ten­cia y el sen­ti­do que con­struyes en el tiem­po. Porque la IA nivela el cam­po de juego, pero no nivela el pen­samien­to. Y cuan­do todos pueden opti­mizar, la difer­en­cia vuelve a ser la mar­ca.

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