Betsson y Betano, en medio de la caída en desgracia de Boca Juniors y River Plate en Argentina


En el deporte mod­er­no, el mar­ket­ing y el reconocimien­to de mar­ca lo son prác­ti­ca­mente todo. Estar aso­ci­a­do a un equipo de primer niv­el durante una época dora­da puede con­ver­tirse en uno de los activos de may­or val­or para un patroci­nador, espe­cial­mente cuan­do se tra­ta de acuer­dos mil­lonar­ios como el de Betano con Fla­men­go, actu­al campeón de la Copa Lib­er­ta­dores, cuyo con­tra­to alcan­za los US$45 mil­lones.

Los patrocin­ios de camise­tas pueden lle­gar a ser tan icóni­cos como los pro­pios dis­eños de las equipa­ciones. Bas­ta recor­dar la históri­ca aso­ciación entre AC Milan y Opel durante la déca­da de 1990, Man­ches­ter Unit­ed y Sharp durante la era del triplete, o, en Argenti­na, Boca Juniors y Quilmes tam­bién a finales de los años 90.

Para Bets­son, que desem­bol­só cer­ca de US$8 mil­lones para con­ver­tirse en el prin­ci­pal patroci­nador de Boca Juniors, y Betano, que paga alrede­dor de US$7 mil­lones por su acuer­do con Riv­er Plate, las alian­zas han tenido un enorme val­or des­de el pun­to de vista com­er­cial y de exposi­ción de mar­ca.

Sin embar­go, existe un prob­le­ma que ningún depar­ta­men­to de mar­ket­ing puede con­tro­lar por com­ple­to: la per­cep­ción de los hin­chas.

A niv­el de ima­gen, ambas com­pañías están comen­zan­do a quedar aso­ci­adas a dos de los perío­dos deportivos más decep­cio­nantes que Boca Juniors y Riv­er Plate han atrav­es­a­do en los últi­mos años.

Boca Juniors y Betsson: cero títulos desde el comienzo de la asociación

Des­de que Bets­son y Boca Juniors comen­zaron su aso­ciación en junio de 2023, el club xeneize ha entra­do en una especie de espi­ral descen­dente. En tres años, Boca no ha con­segui­do con­quis­tar un solo títu­lo ofi­cial.

De hecho, la mar­ca Bets­son ha queda­do vin­cu­la­da a uno de los perío­dos más oscuros de la his­to­ria reciente del club, par­tic­u­lar­mente bajo la con­duc­ción de Juan Román Riquelme, primero como figu­ra cen­tral de la diri­gen­cia y pos­te­ri­or­mente como pres­i­dente.

Des­de que Riquelme asum­ió la pres­i­den­cia de Boca Juniors en diciem­bre de 2023, su gestión ha tran­si­ta­do por una pro­nun­ci­a­da pen­di­ente que hoy pone en jaque su condi­ción de into­ca­ble. El abru­mador 64% de los votos que lo ungió como man­datario prometía refun­dar la mís­ti­ca de la insti­tu­ción, pero la real­i­dad del ciclo ha esta­do sig­na­da por una agu­da cri­sis de resul­ta­dos y de iden­ti­dad insti­tu­cional

Lo que ini­cial­mente se edi­ficó sobre la base de sus éxi­tos como vicepres­i­dente donde dicha gestión obtu­vo 6 títu­los, se trans­for­mó en una gestión pres­i­den­cial despro­vista de títu­los ofi­ciales, mar­ca­da por con­sec­u­ti­vas frus­tra­ciones inter­na­cionales —incluyen­do golpes históri­cos como la tem­prana elim­i­nación ante Alian­za Lima en la Copa Lib­er­ta­dores— y una pre­ocu­pante inesta­bil­i­dad en el ban­co de suplentes.

El des­en­can­to del hin­cha xeneize no solo rad­i­ca en el plano estric­ta­mente deporti­vo, sino tam­bién en las ofic­i­nas del club. El mod­e­lo de con­duc­ción per­son­al­ista de Riquelme ha ero­sion­a­do las finan­zas a través de un alar­mante bal­ance en el mer­ca­do de pas­es; audi­torías recientes expo­nen que ningún fut­bolista adquiri­do bajo su manda­to ha deja­do rédi­to económi­co en pos­te­ri­ores ven­tas, forzan­do al club a sub­si­s­tir casi exclu­si­va­mente de la fuga de tal­en­tos jóvenes de las divi­siones infe­ri­ores. 

Con la dis­olu­ción de su cues­tion­a­do Con­se­jo de Fút­bol y un des­file con­stante de entre­nadores que no logran con­sol­i­dar un proyec­to de largo pla­zo, el panora­ma actu­al mues­tra a un ído­lo atra­pa­do en el laber­in­to de la políti­ca inter­na, donde el peso de su glo­ria como fut­bolista ya no alcan­za para dis­im­u­lar las falen­cias de un Boca Juniors des­ori­en­ta­do y urgi­do de vic­to­rias de cara al cierre de su manda­to.

Durante su gestión ya han pasa­do cua­tro entre­nadores por el ban­co de Boca, mien­tras que var­ios ficha­jes de alto per­fil, como Alan Velas­co y Edin­son Cavani, no han logra­do con­ver­tirse en las solu­ciones deporti­vas que el club esper­a­ba.

Tras el regre­so del fút­bol argenti­no después del Mundi­al, Boca comen­zó el tor­neo con un modesto reg­istro de una vic­to­ria, un empate y una der­ro­ta en sus primeros tres par­tidos. Al mis­mo tiem­po, el equipo con­tinúa con vida en la Copa Sudamer­i­cana, donde ya se encuen­tra en los octavos de final.

Si Bets­son bus­ca­ba aso­cia­rse con un ganador al desem­bar­car en Boca Juniors, por aho­ra difí­cil­mente pue­da decir que lo ha encon­tra­do.

River Plate y el despilfarro de dinero con resultados opacos

El caso de Betano y Riv­er Plate guar­da varias simil­i­tudes con el de Boca y Bets­son, aunque en algunos aspec­tos resul­ta todavía más pre­ocu­pante.

En mayo de 2025 comen­zó el vín­cu­lo entre ambas mar­cas, con un acuer­do que se proyec­ta por casi cua­tro años. Y prác­ti­ca­mente des­de el ini­cio del patrocinio, Riv­er Plate ha queda­do sumergi­do en una cri­sis fut­bolís­ti­ca que ya no parece lim­i­tarse al rendimien­to de los jugadores o a las deci­siones de los entre­nadores, sino que apun­ta direc­ta­mente a la gestión deporti­va y a la comisión direc­ti­va.

Cuan­do Betano llegó a Riv­er, el club atrav­es­a­ba una eta­pa de bonan­za insti­tu­cional. Las obras de primer niv­el en el esta­dio Más Mon­u­men­tal avan­z­a­ban, mien­tras que Marce­lo Gal­lar­do, el mejor entre­nador de la his­to­ria del club, había regre­sa­do al car­go con la expec­ta­ti­va de recu­per­ar el éxi­to deporti­vo.

El resul­ta­do ter­minó sien­do históri­co, aunque por las razones equiv­o­cadas.

Durante su segun­da eta­pa en el club, Gal­lar­do habría des­ti­na­do cer­ca de US$100 mil­lones a refuer­zos de alto per­fil, sin con­seguir que el equipo respondiera sobre el cam­po. El rendimien­to fue dete­ri­orán­dose pro­gre­si­va­mente has­ta que el entre­nador pre­sen­tó su renun­cia en febrero de 2026.

Por deba­jo de esa sal­i­da quedó un plantel car­ga­do de jugadores cos­tosos que no lograron ofre­cer el rendimien­to esper­a­do, entre ellos el colom­biano Kevin Cas­taño, Gon­za­lo Tapia, Matías Rojas, Matías Galarza —de gran Mundi­al con Paraguay— y Giu­liano Galop­po.

La lle­ga­da de Eduar­do “Cha­cho” Coudet, quien asum­ió la direc­ción téc­ni­ca de Riv­er Plate el 4 de mar­zo de 2026, gen­eró ini­cial­mente una reac­ción pos­i­ti­va. Su ciclo comen­zó con ocho vic­to­rias en diez par­tidos y la clasi­fi­cación a los octavos de final de la Copa Sudamer­i­cana.

Pero el rendimien­to fue de may­or a menor.

Riv­er perdió el Super­clási­co ante Boca y pos­te­ri­or­mente cayó en la final del Tor­neo Aper­tu­ra frente a Bel­gra­no, enca­jan­do el gol deci­si­vo en los últi­mos min­u­tos del encuen­tro.

La reciente elim­i­nación ante Aldo­sivi en la Copa Argenti­na y las duras der­ro­tas frente a Gim­na­sia y Rosario Cen­tral volvieron a sem­brar dudas sobre la con­tinuidad de Coudet, que por aho­ra tiene el respal­do diri­gen­cial, por aho­ra. A esto se suma una cre­ciente ten­sión inter­na provo­ca­da por la sor­pre­si­va sal­i­da de 15 fut­bolis­tas del plantel por decisión de la diri­gen­cia.

Hoy, Riv­er Plate atraviesa una pro­fun­da cri­sis insti­tu­cional. Las críti­cas hacia los direc­tivos se han mul­ti­pli­ca­do a raíz de los mal­os resul­ta­dos, mien­tras que el buen tra­ba­jo real­iza­do por el club en mate­ria insti­tu­cional, social y de infraestruc­tura ha queda­do rel­e­ga­do a un segun­do plano por un desem­peño fut­bolís­ti­co que arras­tra prob­le­mas des­de hace aprox­i­mada­mente dos años y medio.

El riesgo para Betsson y Betano

En medio de las cri­sis de ambos gigantes argenti­nos apare­cen dos mar­cas de enorme peso inter­na­cional: Bets­son y Betano.

Ningu­na de las dos com­pañías es respon­s­able de las deci­siones deporti­vas de Boca Juniors o Riv­er Plate. Tam­poco con­tro­la los ficha­jes, los entre­nadores, las estrate­gias de los clubes ni los resul­ta­dos.

Pero ese no es nece­sari­a­mente el pun­to.

El val­or de un patrocinio deporti­vo reside pre­cisa­mente en la aso­ciación emo­cional que se gen­era entre una mar­ca, un club y sus afi­ciona­dos. Cuan­do esa aso­ciación fun­ciona, el patroci­nador se con­vierte en parte de los recuer­dos más impor­tantes de una gen­eración. Cuan­do ocurre lo con­trario, la mis­ma exposi­ción puede con­ver­tirse en un arma de doble filo.

Agustin Aguiar

Como comen­ta Agustin Aguiar, Pro­duc­tor Ejec­u­ti­vo de Sports Sum­mit, “Los grandes patrocin­ios deportivos tra­scien­den la pub­li­ci­dad. Las mar­cas dejan de ser un sim­ple logo en una camise­ta y pasan a for­mar parte de la iden­ti­dad visu­al y emo­cional de una gen­eración de hin­chas.

“Por eso todavía hoy muchos aso­cian a SANYO con una de las eta­pas más exi­tosas de Riv­er o Quilmes con el Boca mul­ti­cam­peón de Bianchi. Esa aso­ciación con­struye un acti­vo enorme para las mar­cas. Pero el mis­mo prin­ci­pio fun­ciona en sen­ti­do inver­so: cuan­do un club atraviesa una cri­sis pro­lon­ga­da, el spon­sor corre el ries­go de quedar iden­ti­fi­ca­do con ese ciclo. Aunque no ten­ga ningu­na respon­s­abil­i­dad en los resul­ta­dos deportivos, la memo­ria colec­ti­va suele vin­cu­lar a las mar­cas con las épocas que rep­re­sen­tan. En el deporte, los patroci­nadores no solo com­pran vis­i­bil­i­dad; tam­bién pasan a for­mar parte de la his­to­ria del club.”

Ese últi­mo pun­to es par­tic­u­lar­mente rel­e­vante para Bets­son y Betano. Los dos oper­adores han com­pra­do algo mucho más valioso que un espa­cio pub­lic­i­tario en una camise­ta: han com­pra­do un lugar den­tro de la iden­ti­dad de dos de las insti­tu­ciones deporti­vas más impor­tantes de Argenti­na.

El prob­le­ma es que la his­to­ria todavía se está escri­bi­en­do.

Si Boca y Riv­er con­siguen rever­tir su situación deporti­va, los actuales patrocin­ios podrían ter­mi­nar sien­do recor­da­dos como parte del regre­so de ambos gigantes a la cima. Pero si las cri­sis se pro­lon­gan, Bets­son y Betano cor­ren el ries­go de quedar vin­cu­la­dos, aunque sea de man­era indi­rec­ta, con una de las eta­pas más frus­trantes de la his­to­ria reciente de ambos clubes.

Para las mar­cas, el desafío ya no con­siste úni­ca­mente en con­seguir vis­i­bil­i­dad. Con­siste en ase­gu­rarse de que, cuan­do los hin­chas recuer­den esta gen­eración de Boca y Riv­er, el logo que llev­a­ban en el pecho esté aso­ci­a­do a los momen­tos que quieren recor­dar y no a aque­l­los que preferirían olvi­dar.

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