República Dominicana avanza hacia una de las reformas más importantes de su marco regulatorio para los juegos de azar. Sin embargo, un proceso que busca ordenar, modernizar y fortalecer la supervisión del sector ha abierto también una discusión sobre competencia, licencias y las condiciones bajo las cuales podrán operar las distintas modalidades de juego.
El centro del debate es el proyecto de ley que busca establecer un nuevo ordenamiento para regular la autorización, fiscalización y supervisión de las actividades de juegos de azar y apuestas en el país, incluyendo tanto establecimientos físicos como plataformas electrónicas.
La reforma lleva meses desarrollándose. Durante 2026, la Comisión de Hacienda del Senado trabajó en la fusión de dos iniciativas presentadas por los senadores Pedro Catrain y Félix Bautista. Ambas propuestas buscaban establecer reglas más claras para la autorización y supervisión del mercado, mejorar la recaudación tributaria, combatir actividades fraudulentas y promover el juego responsable.
El conflicto actual, por tanto, no gira únicamente alrededor de la necesidad de modernizar la regulación, sino de las reglas específicas que determinarán cómo podrán operar y competir los distintos participantes del mercado.
Los cambios que abrieron la discusión
Después de avanzar en el Senado, el proyecto llegó a la Cámara de Diputados, donde fue aprobado de urgencia el 23 de julio en dos lecturas consecutivas. Los diputados introdujeron varias modificaciones, por lo que la iniciativa deberá regresar al Senado para que esa cámara conozca los cambios.
La versión aprobada por los diputados contiene alrededor de 195 artículos y busca regular de manera integral las actividades relacionadas con los juegos de azar.
Entre sus disposiciones se contempla una suspensión de nuevas licencias durante un periodo de diez años después de la publicación del registro correspondiente, con excepciones para determinados casinos vinculados a hoteles y zonas turísticas.
También se establecen reglas sobre la ubicación de establecimientos, incluyendo restricciones de distancia respecto de escuelas, universidades, hospitales, iglesias y otras instalaciones, además de disposiciones específicas para las bancas deportivas.
Otro de los cambios relevantes se relaciona con las actividades que podrán ofrecer distintos establecimientos. La Cámara modificó el artículo 86 para permitir que las bancas de apuestas deportivas comercialicen juegos electrónicos o virtuales dentro de sus locales. El texto también incorpora disposiciones relacionadas con las bancas de lotería y la relación entre sus titulares y los concesionarios.
Son precisamente las diferencias entre las actividades que podrán desarrollar las distintas modalidades de juego las que han alimentado parte de las objeciones de organizaciones vinculadas a las bancas deportivas.
La Asociación Dominicana de Bancas Deportivas (ADOBAD) había expresado anteriormente objeciones a distintos aspectos de la reforma y, en julio de 2026, volvió a solicitar al Senado una instancia de diálogo antes de la segunda lectura. El gremio aseguró haber presentado observaciones técnicas que, según su versión, no fueron consideradas durante el proceso legislativo.
Las diferencias tampoco se limitan al proyecto actual. En septiembre de 2024, ADOBAD presentó ante el Tribunal Constitucional una acción directa de inconstitucionalidad contra los artículos 2 y 5 del Decreto 480–19, relacionado con el Reglamento Hípico Nacional.
Este antecedente muestra que la delimitación de competencias y productos entre diferentes modalidades de juego lleva varios años generando discusiones dentro del mercado dominicano.

La reforma representa una oportunidad importante para República Dominicana. Un marco más actualizado puede contribuir a mejorar el control del mercado, fortalecer la recaudación, combatir operaciones ilegales y establecer estándares más claros para una industria que también debe adaptarse al crecimiento de las apuestas y los juegos digitales.
Pero el debate actual muestra que modernizar la regulación es solamente una parte de la ecuación.
La legislación también debe definir con precisión quién puede ofrecer cada producto, bajo qué autorización y en qué condiciones. Cuando esas fronteras no están suficientemente claras, una reforma concebida para ordenar el mercado puede terminar modificando las condiciones de competencia entre operadores existentes.
La experiencia dominicana resulta relevante para otros mercados latinoamericanos que enfrentan el desafío de actualizar marcos regulatorios desarrollados antes de la expansión del iGaming. La discusión ya no consiste únicamente en incorporar el juego online o fortalecer la supervisión. También implica encontrar la forma de integrar negocios tradicionales y digitales bajo reglas capaces de ofrecer certeza a operadores, inversionistas y consumidores.
República Dominicana tiene ahora la oportunidad de avanzar hacia un marco más moderno para la industria. El resultado dependerá no solo de la capacidad de supervisión que establezca la nueva legislación, sino también de que las reglas finalmente aprobadas generen algo especialmente importante para cualquier mercado que busca atraer inversión y crecer de manera sostenible: seguridad jurídica, transparencia y condiciones claras de competencia.
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