Corea del Norte: juego prohibido en casa, negocio global en las sombras


Tril­by Browne, de la Unidad de Inves­ti­ga­ciones Espe­ciales de iGam­ing­Fu­ture, pre­sen­ta su últi­mo informe sobre el Sud­este Asiáti­co, cen­tra­do en la her­méti­ca dic­tadu­ra de Corea del Norte.

INFORME ESPECIAL: Corea del Norte es cita­da noto­ri­a­mente como uno de los esta­dos más cer­ra­dos y secre­tos del mun­do.

Se sabe muy poco sobre su dinámi­ca financiera inter­na. Exper­tos la han descrito como un “agu­jero negro económi­co”. Y a niv­el inter­na­cional enfrenta sev­eras san­ciones por parte de la may­or parte de la comu­nidad inter­na­cional, con la notable excep­ción de Chi­na, Rusia e Irán.

Pero —a pesar de una pro­hibi­ción abso­lu­ta para todos los ciu­dadanos— el país alber­ga uno de los entornos de juego más inusuales del mun­do, impul­sa­do por el rég­i­men ide­ológi­co implaca­ble­mente estric­to del Esta­do y su necesi­dad de super­viven­cia económi­ca.

La dinastía dic­ta­to­r­i­al asiáti­ca opera un enfoque alta­mente selec­ti­vo y estratégi­ca­mente con­tro­la­do que per­mite la exis­ten­cia de for­mas lim­i­tadas de activi­dad de juego, y uti­liza las apues­tas como una her­ramien­ta prin­ci­pal para gener­ar fon­dos des­de mer­ca­dos extran­jeros, canal­izan­do y respal­dan­do gran parte de su políti­ca exte­ri­or dis­rup­ti­va.

Pro­hibido en casa, fomen­ta­do para extran­jeros

Para los 27 mil­lones de ciu­dadanos de Corea del Norte, el juego está estric­ta­mente pro­hibido.

Todas las for­mas de juego —inclu­idas las apues­tas deporti­vas, las loterías y las apues­tas infor­males— están total­mente vetadas.

El Esta­do “comu­nista” pre­sen­ta el juego como un “vicio cap­i­tal­ista” total­mente incom­pat­i­ble con su sis­tema ide­ológi­co de gob­ier­no.

Pero el panora­ma cam­bia por com­ple­to para los vis­i­tantes extran­jeros.

Solo hay dos casi­nos en Corea del Norte: el Hotel Yangkad­do en la cap­i­tal, Pio­nyang, y el Impe­r­i­al Hotels and Casi­nos, ubi­ca­do en Rason, la úni­ca “zona económi­ca libre” del país.

Estos curiosos establec­imien­tos atien­den exclu­si­va­mente a tur­is­tas y vis­i­tantes de nego­cios extran­jeros, la may­oría proce­dentes de la veci­na Chi­na, que ha sido el prin­ci­pal sostén y ali­a­do a largo pla­zo de Corea del Norte des­de la Guer­ra de Corea (1950–53).

Los casi­nos están dis­eña­dos pura­mente para la extrac­ción de ingre­sos, per­mi­tien­do al actu­al Líder Supre­mo, “Rock­et­man” Kim Jong-un, nieto del fun­dador del rég­i­men Kim Il-sung, aprovechar la deman­da inter­na­cional de juego mien­tras mantiene una estric­ta línea ide­ológ­i­ca inter­na.

La conex­ión Chon­gry­on y la economía del pachinko en Japón

Más allá de sus fron­teras, la relación de Corea del Norte con el juego se vuelve aún más com­ple­ja.

Una dimen­sión par­tic­u­lar­mente dis­tin­ti­va de su red económi­ca exter­na es su vín­cu­lo con la Aso­ciación Chon­gry­on.

Históri­ca­mente, Chon­gry­on ha pro­por­ciona­do apoyo educa­ti­vo, cul­tur­al y financiero a los core­anos étni­cos en Japón, cono­ci­dos como Zainichi, que emi­graron entre 1910 y 1945 cuan­do la penín­su­la core­ana forma­ba parte del impe­rio japonés en el Lejano Ori­ente.

Las omnipresentes salas de juego de pachinko en Japón con­sti­tuyen un pilar clave en la estrate­gia de Corea del Norte para eludir san­ciones y acu­mu­lar divisas extran­jeras.

Esta red ha esta­do vin­cu­la­da a flu­jos financieros rela­ciona­dos con el Esta­do nor­core­ano, inclu­i­da una exposi­ción indi­rec­ta a la gran indus­tria del pachinko en Japón.

El vibrante y dinámi­co juego del pachinko —que com­bi­na ele­men­tos de pin­ball y apues­tas— opera en una zona legal gris.

Y es uno de los may­ores sec­tores rela­ciona­dos con el juego en Japón.

Se esti­ma ampli­a­mente que la indus­tria mueve cien­tos de miles de mil­lones de dólares al año.

La com­bi­nación de redes de la diás­po­ra y estruc­turas de juego poco reg­u­ladas ha crea­do, con el tiem­po, opor­tu­nidades para canalizar fon­dos a través de fron­teras de for­mas difí­ciles de ras­trear o reg­u­lar por com­ple­to.

Se esti­ma que los propi­etar­ios de salones de pachinko enviaron cien­tos de mil­lones de dólares a Corea del Norte en el apo­geo de la indus­tria en la déca­da de 1990.

Aunque la indus­tria del pachinko está aho­ra en declive, este vín­cu­lo históri­co ilus­tra el alcance de las redes de Corea del Norte inclu­so en ter­ri­to­rios aparente­mente “hos­tiles”.

Los ingre­sos del juego elu­den las san­ciones inter­na­cionales

Durante años, Corea del Norte ha sido vin­cu­la­da repeti­da­mente con el uso de eco­sis­temas de juego en juris­dic­ciones off­shore para mover y ocul­tar fon­dos.

Los casi­nos en regiones como Macao y otras partes del Sud­este Asiáti­co han sido señal­a­dos por exper­tos que anal­izan los flu­jos financieros regionales rela­ciona­dos con finan­zas ilíc­i­tas.

Estas activi­dades no solo gen­er­an ingre­sos, sino que tam­bién, según informes, facil­i­tan mecan­is­mos de lava­do de dinero que ayu­dan a mover fon­dos a través de sis­temas financieros inter­na­cionales.

De hecho, en su con­tex­to económi­co fuerte­mente san­ciona­do, los canales rela­ciona­dos con el juego pro­por­cio­nan una de las pocas her­ramien­tas flex­i­bles disponibles para que el Esta­do nor­core­ano acce­da a los recur­sos del mer­ca­do glob­al.

La par­tic­i­pación de Corea del Norte en el crimen dig­i­tal transna­cional está bien doc­u­men­ta­da.

La empre­sa de seguri­dad Ellip­tic infor­mó que el Esta­do llevó a cabo el may­or robo de bit­coin de la his­to­ria, acu­mu­lan­do más de 3.000 mil­lones de dólares esta­dounidens­es en 2024 y prin­ci­p­ios de 2025.

Tan­to los mer­ca­dos reg­u­la­dos como los ilíc­i­tos de iGam­ing son igual­mente sig­ni­fica­tivos para su estrate­gia geopolíti­ca más amplia de extraer recur­sos de mer­ca­dos transna­cionales para finan­ciar sus activi­dades inter­nas.

Esta eval­u­ación fue respal­da­da por un estu­dio de 2024 del Roy­al Unit­ed Ser­vices Insti­tute (RUSI), que afir­mó que “el Esta­do nor­core­ano tiene par­tic­i­pación direc­ta en activi­dades ilíc­i­tas rela­cionadas con el juego y las apues­tas”.

Este flu­jo clave de ingre­sos, sug­iere el informe, con­tribuye direc­ta­mente a finan­ciar la políti­ca exte­ri­or del país, inclu­i­do su pro­gra­ma de mis­iles balís­ti­cos.

El informe de RUSI encon­tró vín­cu­los exten­sos con Corea del Norte en opera­ciones de lava­do de dinero a través de gru­pos jun­ket en Macao —“inter­me­di­ar­ios” para grandes apos­ta­dores que orga­ni­zan todo, des­de trans­porte y alo­jamien­to has­ta inclu­so ser­vi­cios de pros­ti­tu­ción para jugadores en los casi­nos del enclave chi­no.

Asimis­mo, el Insti­tu­to Core­ano de Democ­ra­cia Lib­er­al en Seúl, Corea del Sur, con­cluyó que Corea del Norte ha gen­er­a­do ingre­sos medi­ante el desar­rol­lo y la ven­ta de sitios web de apues­tas en línea.

Sostienen que el rég­i­men ha obtenido un ingre­so anu­al prome­dio de 866 mil­lones de dólares esta­dounidens­es des­de 2016 operan­do y desar­rol­lan­do platafor­mas de juego en línea (además de otros nego­cios dig­i­tales no especi­fi­ca­dos).

Ele­men­tos secre­tos de Corea del Norte tam­bién están estrechamente vin­cu­la­dos a las redes de jun­kets, que lle­van a grandes apos­ta­dores de alto gas­to (“whales”) al cen­tro de ocio del juego en Chi­na: Macao.

Se pueden con­tar lit­eral­mente con los dedos de una mano los ali­a­dos de Corea del Norte: Chi­na, Rusia, Bielor­ru­sia e Irán.

Está clara­mente ais­la­da por el resto de la comu­nidad inter­na­cional, con san­ciones com­er­ciales de la may­oría de los esta­dos miem­bros de la ONU, la Unión Euro­pea y muchas otras insti­tu­ciones inter­na­cionales rel­e­vantes.

Al aprovechar casi­nos off­shore, redes financieras vin­cu­ladas a la diás­po­ra y una pro­hibi­ción domés­ti­ca estric­ta­mente con­tro­la­da, el rég­i­men uti­liza efi­caz­mente tan­to el juego en línea como el pres­en­cial como her­ramien­ta financiera para eludir las fuertes san­ciones que enfrenta.

Con­tradic­ción

El mod­e­lo de juego de Corea del Norte es una con­tradic­ción total: pro­hibi­ción inter­na para su población, con una com­er­cial­ización estric­ta­mente con­tro­la­da para extran­jeros y una exten­sa y opaca red de vín­cu­los con indus­trias tan­to reg­u­ladas como ilíc­i­tas en el exte­ri­or.

Este patrón refle­ja direc­ta­mente la estrate­gia económi­ca más amplia del rég­i­men: ais­la­da y fuerte­mente con­tro­la­da, pero alta­mente adapt­able. Y dis­pues­ta a explotar sin escrúpu­los indus­trias glob­al­izadas donde la reg­u­lación es frag­men­ta­da y muchos pre­fieren mirar hacia otro lado.

En el con­tex­to glob­al del juego, este caso con­sti­tuye uno de los ejem­p­los más claros de cómo Corea del Norte explota el juego —más allá del entreten­imien­to y el com­er­cio reg­u­la­do— para sosten­er su super­viven­cia económi­ca y su influ­en­cia geopolíti­ca.

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