En el marco de BiS SiGMA Sudamérica 2026, IGF tuvo la oportunidad de reencontrarse con Jacqueline Favraud, responsable de Asuntos Legales y Regulatorios en Sportingtech, para analizar el momento clave que atraviesa el mercado brasileño. Tras su primer año bajo la Lei 14.790/2023, Favraud ofrece una mirada clara sobre la evolución del sector de apuestas online, destacando cómo el debate actual gira en torno al cumplimiento normativo, la madurez del mercado y el delicado equilibrio entre operadores regulados y el persistente mercado ilegal.
La conversación también aborda el impacto del discurso político —incluidas las recientes posturas del presidente Luiz Inácio Lula da Silva— y advierte sobre los posibles efectos no deseados de endurecer las restricciones publicitarias, que podrían desviar a los usuarios hacia plataformas no reguladas. En este contexto, la entrevista subraya que el futuro del iGaming en Brasil dependerá de una regulación estable y predecible, una aplicación eficaz contra la ilegalidad y una comunicación clara que fortalezca la confianza pública y fomente la inversión a largo plazo.
IGF: ¿Cuáles serán los principales temas de debate en SIGMA desde la perspectiva de cumplimiento normativo en Brasil?
JF: Después del primer año operando bajo un marco regulado, el debate en SIGMA se centra en cómo el mercado brasileño ha evolucionado y qué lecciones pueden extraerse de esta fase de consolidación. La aplicación de la Lei 14.790/2023 ha permitido que el Ministério da Fazenda (Ministerio de Hacienda de Brasil) supervise la transición hacia un sistema más estructurado, con exigencias claras de identificación de usuarios, trazabilidad de transacciones, auditorías y medidas de prevención allavado de dinero. Este proceso ha fortalecido la diferencia entre el mercado regulado y el ilegal, aunque persisten desafíos importantes en la práctica.
Uno de los puntos más discutidos será cómo estas reglas afectan la competitividad entre operadores que cumplen plenamente el marco legal y aquellos que operan al margen. Las empresas que invirtieron en tecnología, compliance e infraestructura durante este primer año evalúan ahora cómo la estabilidad institucional influye en la captación de usuarios y en la atracción de capital. El entorno regulatorio comienza a mostrar madurez, pero aún requiere ajustes para mantener condiciones equitativas entre los participantes autorizados.
Además, las recientes declaraciones del presidente Lula sobre juegos en línea como el llamado “jogo dotigrinho” introdujeron un componente político inesperado en el debate. Aunque estas declaraciones responden a preocupaciones sociales, generan dudas sobre cómo podrían afectar la percepción pública del sector y si, de manera no intencionada, pueden contribuir al fortalecimiento del mercado ilegal, justamente en un momento en que el sistema regulado busca consolidarse.
IGF: ¿Qué es lo que más le interesa o entusiasma de SiGMA este año?
JF: SIGMA representa una oportunidad única para analizar el mercado desde múltiples ángulos después del primer año de regulación. Reunir en un mismo espacio a operadores, proveedores tecnológicos, especialistas regulatorios e inversionistas permite entender cómo se están aplicando las normas en la práctica y qué áreas necesitan mayor precisión o ajustes futuros.
Es especialmente interesante observar cómo los operadores regulados ya comienzan a consolidar procesos internos más sólidos, con auditorías periódicas y programas de juego responsable que mejoran la experiencia del usuario y elevan la credibilidad del sector. El evento también ofrece un termómetro internacional: permite comparar el ritmo de evolución de Brasil con el de otros mercados, identificar prácticas exitosas y evitar errores que ya fueron cometidos en jurisdicciones más maduras.

IGF: Considerando la postura del presidente Lula da Silva respecto a las apuestas online y las iniciativas para endurecer las restricciones de marketing, incluida la posibilidad de prohibir ciertos patrocinios deportivos, ¿qué debe hacer la industria para mejorar la percepción pública?
JF: La industria necesita reforzar la comunicación sobre la diferencia fundamental entre operadores autorizados y plataformas clandestinas. Las declaraciones del presidente, que asociaron el juego digital con el endeudamiento familiar y la posibilidad de restringir patrocinios, generaron cierta confusión entre el público. Para quienes no conocen la regulación, puede parecer que todas las plataformas funcionan bajo la misma lógica, cuando en realidad existe un sistema formal con exigencias específicas que se cumplen rigurosamente.
Los operadores regulados deben demostrar, de manera clara y constante, que trabajan con auditorías independientes, controles financieros robustos, verificación de identidad, políticas de integridad deportiva y mecanismos de protección al consumidor. Estos elementos no existen en el mercado ilegal. Explicar esta diferencia protege la credibilidad del marco regulado y evita que el usuario migre hacia plataformas que operan sin control, lo que representa un riesgo tanto para el consumidor como para la política pública.
IGF: ¿Qué impacto podrían tener estas restricciones si finalmente se implementan?
JF: Cualquier cambio abrupto en publicidad, patrocinio o comunicación comercial podría generar impactos significativos en operadores que han invertido durante el último año en cumplimiento normativo y sistemas tecnológicos avanzados. Estas empresas planearon su operación bajo reglas claras y previsibles; alterarlas de manera inesperada introduce incertidumbre y afecta directamente la consolidación del sector regulado.
El riesgo principal es que los usuarios no desaparecen, sino que se desplazan. Cuando las condiciones del mercado regulado se vuelven restrictivas o confusas, se abre espacio para que plataformas ilegales atraigan a consumidores sin enfrentar los costos ni las exigencias del marco legal. Esto fortalece la informalidad precisamente en un momento en el que el sistema regulado comienza a generar resultados concretos en protección al jugador y recaudación fiscal.
IGF: ¿Qué señales deberían observar los inversores internacionales para evaluar la verdadera estabilidad del mercado brasileño teniendo estos futuros factores en cuenta?
JF: Los inversores observan principalmente la coherencia institucional. Buscan consistencia entre la regulación adoptada, la forma en que las autoridades la aplican y el discurso político que acompaña al sector. Tras el primer año, Brasil demostró capacidad para operar bajo reglas claras, pero los inversionistas necesitan confirmar que ese marco se mantendrá sin cambios bruscos que generen inseguridad.
El segundo punto es la eficacia en el combate al mercado ilegal. Cada vez que existe incertidumbre regulatoria, las plataformas clandestinas ganan terreno con rapidez. Para los inversionistas de largo plazo, la estabilidad depende no solo de la calidad técnica de la regulación, sino de la capacidad del Estado para proteger el mercado formal y evitar que la legalidad se expanda.
IGF: Desde la perspectiva de un proveedor de plataformas, ¿cómo está redefiniendo la regulación en Brasil la relación entre los proveedores tecnológicos y los operadores?
JF: La regulación transformó profundamente esta relación. Hoy, el proveedor tecnológico no es simplemente un prestador de servicios, sino un socio esencial en la arquitectura de cumplimiento del operador. Las plataformas deben incorporar herramientas de verificación de identidad, monitoreo de transacciones, prevención de fraude, reporte automatizado al regulador y funciones de juego responsable.
Esto significa que la calidad del proveedor impacta directamente en la seguridad del ecosistema regulado. Las empresas tecnológicas que trabajan en Brasil necesitan demostrar capacidad para sostener altos estándares operativos, responder rápidamente a nuevas exigencias y ofrecer infraestructura que cumpla con los requisitos del Ministério da Fazenda. Esta evolución ha fortalecido el rol estratégico de los proveedores dentro del mercado.
IGF: ¿Qué tan importante es la previsibilidad regulatoria para determinar si Brasil atraerá capital sostenible a largo plazo frente a operadores con una visión más especulativa y de corto plazo?
JF: La previsibilidad regulatoria es esencial. Las empresas que construyen operaciones a largo plazo necesitan estabilidad para invertir en tecnología, procesos internos, capacitación y estrategias comerciales. Cuando el marco regulatorio es claro y se aplica de manera consistente, el capital que llega al país tiende a ser más robusto y estructurado.
Por el contrario, cuando existe percepción de inestabilidad o de posibles cambios abruptos, crece el interés de operadores de corto plazo, que buscan aprovechar ventanas momentáneas sin comprometerse con la consolidación del mercado. Por ello, mantener un entorno regulatorio previsible es determinante para atraer inversiones serias y sostenibles.
IGF: ¿Prevé que Brasil evolucione hacia un mercado dominado por unos pocos grandes operadores o que mantenga un entorno competitivo más fragmentado?
JF: Si el marco regulatorio se mantiene estable, el mercado tenderá naturalmente a una consolidación progresiva. Los operadores con mayor capacidad de inversión, tecnología y cumplimiento suelen ganar espacio en entornos regulados, como ya se observó en otras jurisdicciones.
Sin embargo, esta evolución depende en gran medida de la coherencia institucional. Señales contradictorias o incertidumbre política pueden frenar los procesos de consolidación e, incluso, favorecer el crecimiento del mercado ilegal, que no compite bajo las mismas obligaciones ni enfrenta los mismos costos. Por eso, la estructura final del mercado dependerá directamente del grado de estabilidad regulatoria que Brasil consiga sostener.
IGF: De cara a los próximos cinco años, ¿qué hitos estructurales deberá alcanzar Brasil para ser considerado una jurisdicción del iGaming plenamente madura?
JF: El país necesita completar la implementación definitiva del sistema de licencias, fortalecer mecanismos continuos de auditoría, consolidar herramientas sólidas de prevención al lavado de dinero, garantizar integridad deportiva efectiva y mantener programas de juego responsable con impacto real en los usuarios. Estos elementos son fundamentales para cualquier mercado maduro.
La verdadera madurez, sin embargo, depende también de la estabilidad institucional. Un mercado regulado solo se consolida cuando existe alineación entre el Ejecutivo, el Legislativo y las autoridades regulatorias, y cuando el control del mercado ilegal es eficaz. Si Brasil logra mantener este equilibrio, podrá posicionarse como una de las jurisdicciones más relevantes y confiables del sector en los próximos años.









