Por qué la ‘cultura del parche a corto plazo’ está frenando el avance de las plataformas de iGaming


La cul­tura del parche se ha con­ver­tido en una de las may­ores restric­ciones ocul­tas en cuan­to a la escal­a­bil­i­dad en las platafor­mas de jue­gos mod­er­nas, con­sum­ien­do más de un ter­cio de los pre­supuestos tec­nológi­cos en prome­dio. Neman­ja Mar­ic, CTO en Fin­core, advierte que, aunque los sis­temas puedan pare­cer esta­bles, cuan­do se nece­si­ta un cam­bio, la cul­tura del parche es lo que los fre­na.

En la indus­tria, los sis­temas que sobre­viv­en al trá­fi­co pico y la pre­sión com­er­cial a menudo son con­sid­er­a­dos fun­cionales. Un flu­jo de pago que se mantiene durante un impor­tante tor­neo de fút­bol o una actu­al­ización de cumplim­ien­to de últi­mo min­u­to parece un éxi­to. Pero tras bam­bali­nas, muchas de estas platafor­mas están unidas por solu­ciones ráp­i­das que silen­ciosa­mente se volvieron per­ma­nentes.

¿Qué es la cul­tura del parche?

La cul­tura del parche surge cuan­do las solu­ciones a cor­to pla­zo se con­vierten en la estrate­gia pre­de­ter­mi­na­da. Mantiene los sis­temas vivos a cor­to pla­zo, pero con el tiem­po, detiene el pro­gre­so de la indus­tria. Bajo la pre­sión de cumplir con los pla­zos o evi­tar tiem­po de inac­tivi­dad, los desar­rol­ladores tra­ba­jan alrede­dor de los prob­le­mas en lugar de elim­i­nar­los. Las depen­den­cias se mul­ti­pli­can. La doc­u­mentación que­da desac­tu­al­iza­da y los sis­temas se vuel­ven cada vez más frágiles.

Un desar­rol­lo iter­a­ti­vo salud­able tra­ba­ja en la direc­ción opues­ta. Los equipos refac­tor­izan, sim­pli­f­i­can y mejo­ran una base sól­i­da mien­tras entre­gan val­or de man­era incre­men­tal. Cada cam­bio hace que la platafor­ma sea más fácil de enten­der y evolu­cionar.

La cul­tura del parche hace lo con­trario. Preser­va estruc­turas frágiles y obso­le­tas, ocul­ta prob­le­mas sub­y­a­centes y grad­ual­mente hace que los sis­temas sean más difí­ciles de cam­biar.

Cómo se afi­an­za

La cul­tura del parche rara vez comien­za con malas deci­siones. Usual­mente empieza con una razon­able: ‘arreglare­mos esto ade­cuada­mente más tarde’. Pero ese “más tarde” rara vez lle­ga.

En el iGam­ing, las real­i­dades com­er­ciales hacen que este patrón sea difí­cil de evi­tar. Los oper­adores no pueden per­mi­tirse el ries­go de tiem­po de inac­tivi­dad durante even­tos pico, deben cumplir con los pla­zos reg­u­la­to­rios, lan­zarse a nuevos mer­ca­dos ráp­i­da­mente y pro­te­ger los ingre­sos. Al mis­mo tiem­po, muchas platafor­mas se asien­tan sobre sis­temas hereda­dos inter­de­pen­di­entes donde inclu­so los pequeños cam­bios pare­cen arries­ga­dos.

Cuan­do cada lan­za­mien­to con­ll­e­va un posi­ble impacto, el parche parece la opción menos dis­rup­ti­va en el momen­to. Sin embar­go, cada parche intro­duce depen­den­cias ocul­tas y añade com­ple­ji­dad. Even­tual­mente, nadie com­prende com­ple­ta­mente cómo se com­por­ta el sis­tema y el cos­to de arreglar las cosas cor­rec­ta­mente se vuelve demasi­a­do alto.

El miedo a ‘Romper con lo Estable­ci­do

De acuer­do con nue­stro man­i­fiesto de Romper con lo Estable­ci­do, has­ta un 38% de los pre­supuestos tec­nológi­cos están ata­dos al man­ten­imien­to de sis­temas hereda­dos. Este es el cos­to nat­ur­al de man­ten­er sis­temas parc­hea­d­os vivos.

Los parch­es aumen­tan la sobre­car­ga oper­a­ti­va, con más mon­i­toreo man­u­al, inci­dentes en pro­duc­ción, soporte y tra­ba­jo de guardia y prue­bas y despliegues más lentos. El tiem­po de inge­niería se desplaza de con­stru­ir nuevas capaci­dades hacia sosten­er las antiguas. El man­ten­imien­to se con­vierte en el modo pre­de­ter­mi­na­do de los oper­adores y los planes de ruta se vuel­ven defen­sivos en lugar de ambi­ciosos.

A pesar de estos ries­gos, muchos oper­adores todavía ven los parch­es como la opción más segu­ra. El may­or malen­ten­di­do es que Romper con lo Estable­ci­do sig­nifi­ca arran­car todo de una vez, pero en real­i­dad, es lo con­trario.

Romper con lo Estable­ci­do se tra­ta de reem­plazar con­tro­la­da y bien plan­i­fi­cada­mente, ais­lando primero los com­po­nentes más ries­gosos, mod­ern­izan­do de man­era incre­men­tal y reducien­do la exposi­ción a largo pla­zo. En la prác­ti­ca, esto a menudo comien­za con áreas como pagos, bil­leteras, reportes o inte­gra­ciones, mien­tras que los sis­temas hereda­dos con­tinúan fun­cio­nan­do jun­to con los nuevos pro­ce­sos has­ta que se demuestre la con­fi­an­za.

Par­char parece más seguro porque evi­ta la inter­rup­ción inmedi­a­ta, pero con el tiem­po, los ries­gos se acu­mu­lan. Las tasas de fal­los aumen­tan, la veloci­dad de entre­ga se reduce y los cos­tos oper­a­tivos aumen­tan. Even­tual­mente, el ries­go de no mod­ern­izar supera el ries­go de hac­er­lo cor­rec­ta­mente.

Pre­venir que la cul­tura del parche arraigue

Romper el ciclo se tra­ta de cam­biar las condi­ciones que per­miten que se forme la cul­tura del parche.

Una arqui­tec­tura mod­u­lar y trans­par­ente jue­ga un papel críti­co aquí. Cuan­do las platafor­mas están dis­eñadas como com­po­nentes clara­mente definidos con APIs claras, los equipos pueden cam­biar una parte del sis­tema sin deses­ta­bi­lizar las demás. Los ser­vi­cios pueden ser proba­dos, desple­ga­dos y reem­plaza­dos de man­era inde­pen­di­ente, reducien­do el miedo que a menudo impul­sa deci­siones basadas en parch­es primero.

La trans­paren­cia impor­ta igual­mente. Flu­jos de datos claros, observ­abil­i­dad y deci­siones bien enten­di­das dan a los equipos la con­fi­an­za para arreglar los prob­le­mas cor­rec­ta­mente en lugar de sortear­los. Cuan­do los inge­nieros entien­den cómo se com­por­ta una platafor­ma bajo car­ga, durante even­tos pico o cuan­do las cosas van mal, son mucho menos propen­sos a recur­rir a solu­ciones tem­po­rales.

En últi­ma instan­cia, par­char no es solo un prob­le­ma téc­ni­co, sino orga­ni­za­cional. Cuan­do los sis­temas son difí­ciles de cam­biar, los equipos de pro­duc­to se ven oblig­a­dos a lim­i­tar lo que piden, los equipos de inge­niería se vuel­ven reac­tivos y la inno­vación se ralen­ti­za, inclu­so mien­tras la pre­sión del mer­ca­do aumen­ta.

Una arqui­tec­tura limpia es una ven­ta­ja com­pet­i­ti­va. Los equipos que pasan de apa­gar fue­gos a con­stru­ir, y de evi­tar ries­gos a una entre­ga con con­fi­an­za, des­blo­quean la resilien­cia y agili­dad que les per­mi­tirá sat­is­fac­er las deman­das del mer­ca­do futuro.

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