Gacha: Juegos de azar infantiles y el oscuro arte de las estafas sentimentales que alimentan el juego en línea en Japón


Este octubre, un chico de 15 años de Sendai, una impor­tante ciu­dad japone­sa cer­ca de la cap­i­tal Tokio, fue arresta­do por supues­ta­mente esta­far a un hom­bre en sus 30s por ¥1.34 mil­lones, alrede­dor de £6,500, en un lla­ma­do romance scam, en el cual las víc­ti­mas son atraí­das a rela­ciones román­ti­cas a través de redes sociales y son defrau­dadas.

La idea surgió de un man­u­al tit­u­la­do: “Cómo ganar ¥500,000 al mes”.

“Quería ten­er mucho dinero para poder seguir jugan­do en casi­nos en línea”, dijo el chico, cuyo nom­bre no puede ser rev­e­la­do por razones legales, a los inves­ti­gadores del Depar­ta­men­to de Policía Met­ro­pol­i­tana.

Había comen­za­do a jugar en línea en su primer año de secun­daria con solo 12 años.

Adic­ción

Los inves­ti­gadores des­cubrieron que había defrau­da­do a doce­nas de hom­bres para finan­ciar su adic­ción, hacién­dose pasar por una estu­di­ante uni­ver­si­taria en salas de chat en línea y apli­ca­ciones de citas.

Y se sospecha que gastó var­ios mil­lones de yenes en jue­gos de azar en línea con dinero obtenido a través de estas estafas román­ti­cas.

Esce­nas como esta se están volvien­do demasi­a­do comunes en la cre­ciente y ilíci­ta red de iGam­ing en Japón. Hay más de tres mil­lones de usuar­ios japone­ses de sitios ile­gales de iGam­ing. Y se esti­ma que el cin­co por cien­to de los jugadores son niños de entre 10 y 19 años.

A pesar de las estric­tas restric­ciones de juego a niv­el nacional, el iGam­ing ha explota­do en Japón des­de la pan­demia de Covid-19. Es una caja de Pan­do­ra dig­i­tal, con esti­ma­ciones que val­o­ran su val­or en el equiv­a­lente de US$8.1 mil mil­lones al año.

Este mer­ca­do en expan­sión existe den­tro de un con­tex­to políti­co alta­mente restric­ti­vo y reg­u­la­do.

Pachinko

La may­oría de las for­mas de juego son ile­gales en Japón, con la excep­ción de las apues­tas deporti­vas, Pachinko y, has­ta muy recien­te­mente, los casi­nos.

Pero a pesar de que los casi­nos en línea extran­jeros siguen sien­do man­i­fi­es­ta­mente ile­gales, una infraestruc­tura dig­i­tal en ráp­i­da expan­sión y una larga cul­tura de jue­gos hacen de Japón quizás el lugar más fácil del mun­do para encon­trar clientes.

En con­se­cuen­cia, el Juego Prob­lemáti­co (PG) o Trastorno del Juego, se ha con­ver­tido en una pre­ocu­pación impor­tante de salud públi­ca en Japón.

Los académi­cos lo han nom­bra­do como uno de los país­es con la preva­len­cia más alta de prob­le­mas graves de juego en el mun­do. En los últi­mos años, los casi­nos en línea han esta­do en el cen­tro del debate.

Deu­da

Según una encues­ta de la Agen­cia Nacional de Policía, alrede­dor del 60 por cien­to de los usuar­ios de casi­nos en línea en Japón tienen una adic­ción a los jue­gos de azar, con más del 40 por cien­to de estos usuar­ios encon­trán­dose en deu­da.

Los niños no pueden legal­mente con­traer deu­das. Pero sus adic­ciones todavía exi­gen ser sat­is­fe­chas.

Entonces, ¿de dónde viene el dinero?

¿Y qué sucede cuan­do las apues­tas se escalan más allá de una pan­talla de telé­fono inteligente?

Las estafas román­ti­cas quizás son el extremo más suave del espec­tro.

Aseo

La policía y los tra­ba­jadores sociales describen un patrón más oscuro que emerge: niños que caen en el robo, la coac­ción, inclu­so situa­ciones que involu­cran vio­len­cia o groom­ing, todo para ali­men­tar una cre­ciente adic­ción. Es una trayec­to­ria que se está volvien­do inqui­etan­te­mente famil­iar, con poca señal de desacel­eración.

Los jue­gos de gacha son extremada­mente pop­u­lares a niv­el mundi­al, pero espe­cial­mente entre la juven­tud japone­sa. Es un paso cul­tur­al que para la secun­daria, muchos niños japone­ses jugarán reg­u­lar­mente o al menos habrán esta­do expuestos a estos jue­gos en línea.

Estos jue­gos gra­tu­itos con un sis­tema sim­i­lar a la lotería, donde el usuario paga con mon­e­da del juego para entrar en un sor­teo con el fin de obten­er per­son­ajes y obje­tos, dom­i­nan el mer­ca­do de jue­gos móviles.

Gacha Gotcha

Casi todos los jue­gos móviles más renta­bles de Japón incor­po­ran mecáni­cas de Gacha.

Exper­tos han adver­tido sobre la nat­u­raleza adic­ti­va inher­ente de dichos jue­gos, como la aleato­riedad del gacha des­en­ca­de­na el mis­mo golpe de dopam­i­na cuan­do una per­sona está jugan­do, y advierten que el Gacha sirve como un por­tal para que los niños usen platafor­mas de iGam­ing, con casi­nos extran­jeros repli­can­do delib­er­ada­mente inter­faces de usuario de Gacha, inun­dan­do sus jue­gos con per­son­ajes famil­iares y col­ores bril­lantes.

La leg­is­lación de juego de Japón fue escri­ta mucho antes de que inter­net difumi­nara las fron­teras. Y se nota.

Las platafor­mas de iGam­ing off­shore oper­an com­ple­ta­mente fuera de la juris­dic­ción japone­sa, deslizán­dose con­se­cuente­mente a través de las gri­etas prover­biales, con com­pañías reg­istradas en mer­ca­dos más per­mi­sivos, como Mal­ta o Curazao, el uso de servi­dores extran­jeros y usuar­ios escondién­dose detrás de VPN y sis­temas de pago crip­to.

Oper­adores Ile­gales

Inclu­so cuan­do las autori­dades iden­ti­f­i­can oper­adores ile­gales, la apli­cación es lenta y a menudo sim­bóli­ca; cer­rar un sitio en un país sim­ple­mente lo ve rea­pare­cer en otro.

Pero el gob­ier­no final­mente está toman­do una respues­ta más coor­di­na­da.

En junio, el par­la­men­to de Japón aprobó un proyec­to de ley especí­fi­ca­mente para pro­hibir tan­to el con­tenido pro­mo­cional como la pub­li­ci­dad que dirige a los usuar­ios a casi­nos en línea extran­jeros. Esto puede ser un primer paso cru­cial en la trans­for­ma­ción de este paisaje adic­ti­vo. La pres­i­den­ta de la Sociedad Pre­ocu­pa­da por la Adic­ción al Juego, Noriko Tana­ka, enfa­tizó cuán fácil­mente acce­si­bles son las platafor­mas de igam­ing, con anun­cios espar­ci­dos por inter­net, incluyen­do sitios pop­u­lares como YouTube.

Los reg­u­ladores tam­bién están pre­sio­n­an­do para her­ramien­tas oblig­a­to­rias de ver­i­fi­cación de edad, bajadas más ráp­i­das de platafor­mas ile­gales y más coop­eración con agen­cias extran­jeras.

Pero si estas medi­das pueden man­ten­er el rit­mo con esta indus­tria ilíci­ta oscu­ra sigue sien­do una pre­gun­ta abier­ta.

Peli­gro

Los casi­nos dig­i­tales off­shore son pri­va­dos, aparente­mente inocu­os y per­ma­nen­te­mente disponibles. Y como señala el psiquia­tra Toshi­a­ki Tsu­neo­ka, debido a que estas platafor­mas son tan fácil­mente acce­si­bles a través de telé­fonos inteligentes, hay un peli­gro real de que los niños se vuel­van adic­tos antes de que sus famil­ias inclu­so lo noten.

Más allá de las san­ciones legales y los cam­bios leg­isla­tivos, exper­tos como Tsu­neo­ka de la Uni­ver­si­dad de Showa, están lla­man­do a un enfoque más rig­uroso que enfat­ice la inter­ven­ción tem­prana, la reha­bil­itación y el apoyo de las escue­las y las famil­ias para abor­dar las con­se­cuen­cias de este eco­sis­tema en línea alta­mente adic­ti­vo.

Pare­cería que la caja de Pan­do­ra ya ha sido abier­ta, y las his­to­rias de jóvenes japone­ses deslizan­do, gas­tan­do e inclu­so roban­do para ali­men­tar su hábito, han cobra­do vida y real­i­dad.

Japón aún puede actu­ar. Pero solo si las per­sonas que osten­tan el poder—reguladores, platafor­mas y ser­vi­cios de salud—deciden colab­o­rar, con­frontar y con­tro­lar el demo­nio que ha escapa­do.

Primera Parte: Informe Espe­cial de Japón

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