El crecimiento del juego online en Panamá ya no parece un fenómeno coyuntural. Las cifras del primer semestre de 2026 muestran que el segmento digital continúa avanzando a un ritmo muy superior al resto de la industria, mientras otros acontecimientos recientes apuntan hacia una transformación más profunda, con mayor supervisión financiera, nuevas obligaciones para los operadores, presión sobre los modelos tradicionales y una estrategia cada vez más visible para posicionar al país dentro del ecosistema regional del juego.
Durante el primer semestre de 2026, las apuestas por internet alcanzaron aproximadamente US$379,7 millones, cerca de 60% más que en el mismo periodo del año anterior. Las tragamonedas tipo A continúan concentrando la mayor parte del volumen del mercado presencial, pero es el canal digital el que explica buena parte del dinamismo reciente.
No se trata de un salto aislado. En 2025 el juego online ya había registrado una fuerte expansión y los primeros meses de 2026 confirmaron la tendencia. Lo interesante es que el crecimiento continúa siendo elevado incluso sobre una base cada vez mayor.
La comparación con la Lotería Nacional de Beneficencia ayuda a entender el cambio. Mientras las apuestas digitales avanzan, sus ventas retrocedieron 4,1% durante el primer semestre y sus ingresos netos disminuyeron 11,2%. No significa necesariamente que un producto esté sustituyendo directamente al otro, pero sí refleja una transformación en la manera de acceder al juego, marcada por la disponibilidad permanente, los teléfonos móviles, los pagos digitales y la inmediatez.
La propia Lotería parece reconocer el desafío. Durante las últimas semanas ha reforzado acciones contra la venta clandestina y planteado la modernización de procesos todavía ampliamente manuales. Competir ya no significa únicamente proteger sus puntos de venta, sino adaptarse a consumidores acostumbrados a realizar prácticamente cualquier transacción desde el teléfono.
Crecer también significa vigilar más
Existe otro indicador menos visible, pero particularmente relevante para entender hacia dónde se dirige Panamá.
La Unidad de Análisis Financiero recibió 839 Reportes de Operaciones Sospechosas (ROS) durante el primer semestre de 2026. Dentro del sector no financiero, los juegos de azar generaron 19 reportes, frente a 12 durante el mismo periodo de 2025, un incremento de 58%.
Un ROS no significa que exista un delito. Es una alerta generada cuando determinada operación no corresponde con el perfil o comportamiento esperado del cliente. Sin embargo, el incremento muestra la otra cara de la expansión digital. Conforme aumenta el volumen de transacciones, también crece la importancia de conocer al jugador, monitorear operaciones y contar con sistemas capaces de identificar comportamientos inusuales.

Tecnologías como KYC, monitoreo transaccional, biometría y análisis de riesgo pasan así de ser herramientas de cumplimiento a formar parte de la infraestructura necesaria para sostener el crecimiento.
La Ley 527, promulgada en mayo, refuerza esta dirección. La norma reconoce la ludopatía como un asunto de salud pública e incorpora controles biométricos de identidad y edad para plataformas digitales, límites voluntarios de gasto y tiempo, y mayores facultades para bloquear plataformas que operen sin autorización.
El Ejecutivo dispone de seis meses para desarrollar su reglamentación, por lo que el verdadero impacto operativo todavía está por verse. Ese proceso determinará cómo deberán implementarse técnicamente varias obligaciones y qué costos adicionales representarán para los operadores.
Una ambición regional
Hay una tercera señal. Ciudad de Panamá fue elegida para recibir, los días 4 y 5 de mayo de 2027, la 11ª Cumbre Iberoamericana del Juego, con la Junta de Control de Juegos como anfitriona institucional.
La elección tiene una lectura que va más allá del evento. Panamá posee una ubicación estratégica, una economía dolarizada, infraestructura de telecomunicaciones desarrollada y experiencia regulatoria en juegos de azar. En un momento en que América Latina construye diferentes modelos para regular el juego digital, estas características pueden ayudar al país a posicionarse como espacio de conexión entre reguladores, operadores y proveedores internacionales.
Pero esa oportunidad dependerá de su capacidad para gestionar las tensiones que acompañan al crecimiento. La expansión digital aumenta las oportunidades comerciales, pero también la exposición al fraude, lavado de activos, juego problemático y operadores no autorizados. Al mismo tiempo, obliga a productos tradicionales a modernizarse y eleva las exigencias tecnológicas para los operadores regulados. Ahí está la historia detrás de las cifras.
Panamá está entrando en una segunda etapa de desarrollo de su mercado digital, en la que crecimiento, regulación, tecnología y protección del jugador empiezan a avanzar juntos. La reglamentación de la Ley 527 será una primera prueba. Si el país consigue equilibrar supervisión, innovación y competitividad, podría convertir el crecimiento actual en algo más difícil de conseguir: un mercado de iGaming más maduro y una posición más relevante dentro de América Latina.
Más temas para explorar:









