En Puerto Rico, el juego no es una moda reciente ni una importación digital. Mucho antes de que existieran las aplicaciones móviles y las casas de apuestas internacionales, el epicentro de las apuestas estaba en las carreras de caballos.
El Hipódromo Camarero, en Canóvanas, ha sido el corazón de esta tradición durante décadas. Allí no solo se apuesta, sino que también se socializa, se crean redes y se mantiene una cadena económica que involucra a criadores, entrenadores, jinetes y empleados del sector.
El hipismo sigue vigente y ha sabido adaptarse. La industria hípica ha incorporado plataformas digitales propias que permiten realizar apuestas a distancia en carreras autorizadas, lo que ha ampliado su alcance más allá del recinto físico. Este paso no supuso abandonar la tradición, sino protegerla ante un consumidor cada vez más acostumbrado a interactuar a través del teléfono.
El verdadero punto de inflexión llegó en julio de 2019, cuando se aprobó la legislación que autorizó formalmente las apuestas deportivas en Puerto Rico. La ley creó el marco regulatorio bajo la supervisión de la Comisión de Juegos de Puerto Rico, que permite tanto las operaciones presenciales como las móviles, siempre que cuenten con licencia local. No fue una implementación automática. Primero se diseñó la estructura legal y después llegó la operación comercial.

El mercado comenzó a funcionar en la práctica en febrero de 2022, cuando BetMGM inauguró la primera casa de apuestas deportivas regulada dentro del Casino del Mar, en San Juan. Este lanzamiento marcó el inicio efectivo de las apuestas deportivas con licencia en la isla. Posteriormente, el mismo operador activó su aplicación móvil oficial y otras marcas, como Caesars Sportsbook y FanDuel, también ingresaron al mercado con ofertas reguladas. El entorno es competitivo, aunque aún está concentrado en pocos operadores internacionales con presencia física.
Hay un detalle que diferencia claramente a Puerto Rico de la mayoría de los estados continentales de Estados Unidos. Aunque las apuestas deportivas por teléfono móvil son legales, el jugador no puede registrarse completamente en línea desde su casa. La normativa exige que primero acuda a un lugar autorizado, generalmente un casino o un local de apuestas deportivas físico, para validar su identidad y completar el proceso de activación. Solo después de este registro presencial podrá utilizar la aplicación móvil dentro del territorio permitido.
A diferencia de lo ocurrido en otras jurisdicciones estadounidenses, donde el casino online tradicional ha tenido una amplia implantación, en Puerto Rico el foco regulatorio se ha centrado principalmente en las apuestas deportivas y en modalidades específicas autorizadas. Esto no significa la ausencia total de oferta digital, sino que el desarrollo del iGaming ha sido más gradual y estructurado. El eje central de expansión ha sido las apuestas deportivas, no necesariamente las plataformas completas de casino online al estilo de Nueva Jersey o Míchigan.
Modelo híbrido
El mercado puertorriqueño tiene, además, particularidades competitivas relevantes. La edad mínima para apostar es de 18 años, inferior a la de la mayoría de los estados continentales. Los jugadores pueden apostar en ligas estadounidenses, como la NFL, la NBA y la MLB, así como en competiciones internacionales de fútbol y otros eventos globales. Esto amplía el atractivo para residentes y turistas.
El componente turístico es clave. Muchos sportsbooks operan dentro de complejos turísticos y hoteles de San Juan, integrando la experiencia de las apuestas con el entretenimiento, la gastronomía y la hospitalidad. En este sentido, Puerto Rico no solo compite como mercado regulado, sino también como destino de ocio en el que el juego forma parte de una oferta más amplia.
Lo que surge es un modelo híbrido interesante. Por un lado, existe una tradición hípica que sigue viva y se ha modernizado. Por otro lado, existe un marco legal reciente que ha permitido la entrada de operadores globales bajo unas reglas locales claras. Y, en medio, la exigencia de registro presencial, que mantiene al casino físico como actor central en la cadena de valor.

Puerto Rico no es el mercado más grande de América ni el que más agresivamente se expande digitalmente. Sin embargo, sí representa un caso singular en el que regulación, tradición y modernización conviven sin desplazar por completo al espacio físico. Para quienes observan la evolución del juego en el Caribe y Centroamérica, la isla ofrece un ejemplo concreto de cómo integrar las apuestas deportivas móviles en un ecosistema en el que el casino presencial todavía importa.









