Si una semana es “mucho tiempo en la política”, en el fútbol puede significar el final de una era, ya que la “americanización” —o, para ser más precisos, la “trumpificación”— del deporte favorito del mundo no solo se detiene, sino que se estrella y arde en llamas de manera espectacular.
Seguramente es solo cuestión de tiempo antes de que el presidente de la FIFA y acólito de Trump, Gianni Infantino, caiga víctima de su propio petardo de avaricia, servilismo vergonzoso y desmedida ambición.
Primero la federación galesa y ahora la inglesa de fútbol están listas para abandonar a Infantino y su descarado intento de vender el 20 por ciento del futuro del fútbol mundial por unos US$20 mil millones (14.870 millones de libras) en el llamado FIFA Forward Enterprise (FFE) a inversionistas privados, incluido Thrive Capital de Joshua Kushner; con todo lo que esto significa —o hubiese significado— para las apuestas globales en el deporte más popular, un negocio que mueve un estimado de US$700 mil millones al año (521.250 millones de libras) y otros US$600 mil millones (446.790 millones de libras) cada cuatro años durante la histórica Copa del Mundo.
No cabe duda que se trata de cifras impresionantes, por lo que “jugar” con ellas es un asunto muy serio.
Los parientes se quedan fuera
Joshua Kushner, para que no se nos olvide, es hijo de Charles Kushner, multimillonario desarrollador inmobiliario y embajador de Trump en Francia; y hermano menor de Jared Kushner, yerno de Trump y enviado especial a cargo de las negociaciones de paz (sic) en Gaza e Irán.
Tras un Mundial profundamente polémico, que vio a Trump usar su tribuna para intervenir y revocar una tarjeta roja al principal delantero estadounidense Folarin Balogun en el partido de su país contra Bosnia-Herzegovina —lo que le permitió jugar, de forma ilegal, contra Bélgica en octavos de final— y tras el evidente favoritismo hacia Argentina, que increíblemente ganó las 16 decisiones del VAR a su favor en su polémico camino a la final, el esquema del Forward Enterprise fue demasiado.

El premio de “La Paz Mundial FIFA” que Infantino le otorgó anticipadamente a Trump; la adopción de “cuartos” al estilo del fútbol americano —pausas comerciales disfrazadas de descansos para hidratarse— y un espectáculo de medio tiempo en la final de apenas 30 minutos y extremadamente aburrido, calificado por Wayne Rooney (leyenda inglesa y ahora comentarista de la BBC) como “basura”, ya habían puesto la credibilidad de Infantino al borde del colapso.
Vender el fútbol
“Nadie está vendiendo el fútbol”, suplicó la organización dirigida por Infantino en un comunicado después de que las 55 naciones miembro de la UEFA votaron por boicotear todas las competiciones de la FIFA en vez de permitir la iniciativa FFE.
Poco antes, tras la conclusión del Mundial 2026 el 19 de julio con la victoria súper popular de España 1–0 sobre Argentina en el estadio de Nueva York/Nueva Jersey, Infantino escribió a todas las 211 federaciones miembro promoviendo su plan.
Presentándolo como una obligación más que una solicitud, escribió: “Es mi deber y mi responsabilidad como presidente de la FIFA presentarles oportunidades revolucionarias como esta, a ustedes, nuestros miembros”.
Fuera de lugar
La propuesta ofrecía a cada federación un pago único de US$20 millones (15,7 millones de libras), mucho más que los US$8 millones (6,3 millones de libras) que normalmente reciben a través del programa FIFA Forward existente.
Otros US$66 millones (52 millones de libras) serían pagados en tres cuotas antes de 2038, llevando el pago total posible a US$86 millones (67,7 millones de libras) por federación a lo largo del acuerdo.
Pero la UEFA no esperó la votación.

Los europeos calificaron el plan como: “[Una línea] que las instituciones rectoras del fútbol nunca deben cruzar”.
Y luego lanzaron la bomba, afirmando que la UEFA y sus asociaciones nacionales no participarían en competiciones FIFA.
Preocupación profunda
CONCACAF, que representa a América y el Caribe, también expresó sus temores, diciendo que sus miembros “manifestaron profunda preocupación por la falta de debido proceso alrededor de la propuesta y el cronograma artificialmente apretado”.
Y luego, Carlos Cordeiro, exbanquero de Goldman Sachs y asesor principal de Infantino, renunció.
“No puedo quedarme de brazos cruzados mientras la FIFA considera vender una participación en la Copa del Mundo”, aseguró Cordeiro.
Frente a la creciente oposición también desde Asia, el llamado “Acuerdo del Siglo” de Infantino se vino abajo.
Solo África
Solo África —carente de los contratos de transmisión, patrocinios y la riqueza que genera la Champions League— apoyó el plan de Infantino.
La mayoría de las federaciones africanas no tienen una base de ingresos comparable, así que esos US$86 millones (67,7 millones de libras) incondicionales se vieron más como un salvavidas que como una oportunidad.
Pero al final del día, los votos africanos no fueron suficientes para salvar la visión fallida de Infantino sobre el futuro del fútbol.
Ni al parecer, al propio Infantino.
¡Habrá que estar atentos a los próximos capítulos!
Con información adicional de Bayo Nike
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