El Salario del Pecado: ¿Funciona el ‘Impuesto al Vicio’?


En un amplio y equi­li­bra­do informe de inves­ti­gación, Tril­by Browne, de la Unidad de Inves­ti­ga­ciones Espe­ciales de iGF, anal­iza la efi­ca­cia y el impacto de los lla­ma­dos “impuestos al vicio”. ¿Ben­e­fi­cian al bien­es­tar social? ¿O sim­ple­mente impul­san el mer­ca­do negro? Sigue leyen­do.

ANÁLISIS: El nom­bre lo dice todo: los “impuestos al vicio”, tam­bién cono­ci­dos como “impuestos al peca­do”, son gravámenes adi­cionales apli­ca­dos a bienes o ser­vi­cios con­sid­er­a­dos per­ju­di­ciales para la sociedad.

Se tra­ta, además, de una estrate­gia uti­liza­da des­de hace sig­los por gob­ier­nos y autori­dades para gener­ar ingre­sos adi­cionales.

Los sun­tu­osos salones del Vat­i­cano del papa León X, por ejem­p­lo, esta­ban reple­tos de riquezas durante el Renacimien­to, al igual que sus pro­pios bol­sil­los. Y, en parte, el pon­tí­fice finan­ció ese lujoso esti­lo de vida medi­ante impuestos apli­ca­dos a las tra­ba­jado­ras sex­u­ales.

Sí, ha leí­do bien: León obtu­vo una autén­ti­ca “for­tu­na papal” gra­cias al tra­ba­jo de las pros­ti­tu­tas de la Ciu­dad San­ta.

Aunque la his­to­ria señala que León X dis­fruta­ba de la com­pañía de tra­ba­jado­ras sex­u­ales —según los relatos, estas atendían reg­u­lar­mente a los car­de­nales durante las reuniones papales—, la idea gen­er­al era que este impuesto per­mi­tiría gener­ar ingre­sos muy nece­sar­ios y, al mis­mo tiem­po, desalen­tar acti­va­mente la prác­ti­ca con­sid­er­a­da “pecaminosa”.

Hoy, el alco­hol, el taba­co, las apues­tas e inclu­so los ali­men­tos ultra­proce­sa­dos enfrentan pre­juicios sim­i­lares a los que recaían sobre las tra­ba­jado­ras sex­u­ales del pasa­do.

Los think tanks con­tem­porá­neos com­parten, en cier­ta medi­da, la lóg­i­ca de León X. El impuesto al vicio bus­ca matar dos pájaros de un tiro: el Esta­do obtiene ingre­sos adi­cionales y, al mis­mo tiem­po, gen­era un ben­efi­cio social para la población a la que debe servir.

Beneficio para la sociedad

Sin embar­go, cuan­do se tra­ta de los impuestos apli­ca­dos al juego, algunos están mucho menos con­ven­ci­dos de que ese segun­do obje­ti­vo real­mente se cumpla.

Existe un argu­men­to sóli­do para sosten­er que los impuestos al “vicio” sobre las apues­tas pueden gener­ar impor­tantes ben­efi­cios sociales.

Algunos de estos gravámenes se des­ti­nan especí­fi­ca­mente a finan­ciar pro­gra­mas de bien­es­tar social.

En Colom­bia, por ejem­p­lo, se han recau­da­do impuestos al juego por un equiv­a­lente a poco menos de US$1.000 mil­lones para finan­ciar la salud públi­ca.

En Colom­bia, por ejem­p­lo, donde, según la Fed­eración Colom­biana de Empre­sar­ios de Jue­gos de Suerte y Azar (Fecoljue­gos), la car­ga trib­u­taria se encuen­tra “muy por enci­ma de los prome­dios inter­na­cionales”, se han recau­da­do más de COP4,01 bil­lones —poco menos de £1.000 mil­lones— para finan­ciar la salud públi­ca des­de 2022 a través del reg­u­lador nacional, Coljue­gos.

Por supuesto, no todo ese dinero cor­re­sponde a impuestos al “vicio”. Sin embar­go, las empre­sas autor­izadas en Colom­bia pagan un impuesto de con­ce­sión de entre el 15% y el 17% sobre el GGR, vigente des­de el ini­cio de la reg­u­lación del juego online bajo el mar­co impul­sa­do por Fecoljue­gos en 2016, además de un impuesto nacional al con­sumo del 16% sobre las apues­tas online estable­ci­do medi­ante el Decre­to 0240, este últi­mo hereda­do de la admin­is­tración de Gus­ta­vo Petro.

Más recien­te­mente y más cer­ca de casa, en Reino Unido, el impuesto al juego remo­to aumen­tó en el últi­mo Pre­supuesto de Otoño de 21% a 40% por decisión de la entonces can­ciller Rachel Reeves. El Gob­ier­no señaló especí­fi­ca­mente que el incre­men­to ayu­daría a finan­ciar el bien­es­tar infan­til. Se tra­ta de una de las may­ores refor­mas fis­cales que ha exper­i­men­ta­do la indus­tria británi­ca de las apues­tas.

La amenaza de la deslocalización

Uno de los argu­men­tos históri­cos con­tra los impuestos al vicio en la indus­tria del juego es el ries­go de la deslo­cal­ización hacia oper­adores off­shore.

En tér­mi­nos sim­ples, la teoría sostiene que, si las tasas impos­i­ti­vas se ele­van demasi­a­do, los apos­ta­dores migrarán hacia platafor­mas no reg­u­ladas, elim­i­nan­do de golpe tan­to los ingre­sos para las economías nacionales como las pro­tec­ciones des­ti­nadas a los jugadores.

Todos sabe­mos que la deslo­cal­ización es inde­seable. No solo provo­ca una pér­di­da de inver­sión y de ingre­sos fis­cales a niv­el nacional, sino que tam­bién per­ju­di­ca al con­sum­i­dor. Además, se la ha rela­ciona­do direc­ta­mente con nive­les más ele­va­dos de juego prob­lemáti­co.

El argu­men­to que vin­cu­la los impuestos ele­va­dos con la deslo­cal­ización ha sido una expli­cación per­sua­si­va a la que la indus­tria ha recur­ri­do con fre­cuen­cia.

Un ejem­p­lo muy cita­do es el informe de Copen­hagen Eco­nom­ics de 2016, encar­ga­do direc­ta­mente por la Aso­ciación Sue­ca de Com­er­cio para el Juego Online, que proyecta­ba fuertes pér­di­das de canal­ización —es decir, la pro­por­ción de las apues­tas que per­manece den­tro de platafor­mas autor­izadas— ante incre­men­tos impos­i­tivos rel­a­ti­va­mente modestos.

Una historia diferente

Sin embar­go, los datos inde­pen­di­entes cuen­tan una his­to­ria muy difer­ente.

El naran­ja no es el col­or del éxi­to: ele­var los impuestos al juego, como ocur­rió en País­es Bajos, no ha logra­do aumen­tar la recau­dación ni cer­ca de lo esper­a­do y, según sus críti­cos, es un claro ejem­p­lo de lo que no se debe hac­er.

Un estu­dio pub­li­ca­do en 2024 puso a prue­ba esta teoría direc­ta­mente en 29 mer­ca­dos europeos y no encon­tró evi­den­cia sól­i­da de una relación entre las tasas impos­i­ti­vas y la canal­ización.

De hecho, uno de los mod­e­los encon­tró exac­ta­mente lo con­trario: los impuestos más ele­va­dos sobre las apues­tas se cor­rela­ciona­ban con una may­or reten­ción den­tro de los mer­ca­dos reg­u­la­dos, alcan­zan­do su pun­to máx­i­mo con tasas de entre 28% y 37%, muy por enci­ma del umbral del 15% que el informe de Copen­hagen Eco­nom­ics había señal­a­do como un pun­to de ries­go.

Otros mer­ca­dos alrede­dor del mun­do mues­tran resul­ta­dos sim­i­lares.

En el esta­do de Nue­va York, por ejem­p­lo, el GGR de las apues­tas deporti­vas online está grava­do con una tasa del 51%, la más alta de cualquier esta­do de Esta­dos Unidos. Sin embar­go, con­tinúa sien­do el may­or mer­ca­do de apues­tas online del país tan­to por vol­u­men apos­ta­do como por ingre­sos.

Pero, pese al éxi­to sostenido de este gigan­tesco mer­ca­do del Empire State, algunos mer­ca­dos pare­cen haber sufri­do cuan­do las tasas super­aron el umbral del 37%.

Uno de esos casos es País­es Bajos.

¿Impulso al mercado negro?

El impuesto sobre las apues­tas y el juego en País­es Bajos pasó del 30,5% en 2024 al 34,2% en enero de 2025, y volvió a subir has­ta el 37,8% este año. Suma­do a un grava­men adi­cional del 1,95%, esto elevó efec­ti­va­mente la car­ga sobre el GGR has­ta casi el 40%.

A comien­zos de este año, el reg­u­lador neer­landés KSA infor­mó que, aunque esper­a­ba recau­dar €108 mil­lones adi­cionales en 2025 (£93,25 mil­lones), los ingre­sos adi­cionales por gravámenes ape­nas alcan­zaron los €2 mil­lones (£1,71 mil­lones).

Este año, cuan­do las autori­dades esper­a­ban obten­er €216 mil­lones adi­cionales (£184,72 mil­lones) en impuestos, final­mente solo se sumaron €57 mil­lones (£48,74 mil­lones) a las arcas públi­cas.

Fuentes de la indus­tria se apresuraron a afir­mar que estos cam­bios habían provo­ca­do que numerosos clientes migraran hacia el mer­ca­do negro. Según estas fuentes, la tasa de canal­ización en País­es Bajos cayó por deba­jo del 50% por primera vez des­de que el mer­ca­do fue reg­u­la­do en 2021.

**El direc­tor financiero y sub­di­rec­tor ejec­u­ti­vo de Entain, Rob Wood, se opone firme­mente a los aumen­tos de impuestos y cita el caso neer­landés como un ejem­p­lo de una medi­da que solo impul­sa el mer­ca­do ile­gal.**

En 2025, al abor­dar estos cam­bios en una car­ta abier­ta pub­li­ca­da en el sitio web del Bet­ting and Gam­ing Coun­cil del Reino Unido, Rob Wood, direc­tor financiero y sub­di­rec­tor ejec­u­ti­vo de Entain Group, se opu­so firme­mente a incre­men­tos fis­cales sim­i­lares en Gran Bre­taña. Wood advir­tió que el país “no debería repe­tir el error” de sus “pri­mos naran­jas” y atribuyó direc­ta­mente el crec­imien­to del mer­ca­do negro a los nuevos aumen­tos impos­i­tivos.

Pero, según el informe anu­al de la KSA, la canal­ización no rep­re­senta­ba una pre­ocu­pación espe­cial­mente impor­tante.

Una respuesta compleja

El reg­u­lador encon­tró que la canal­ización medi­da por jugadores se man­tu­vo estable, en torno al 94%.

“Pero la canal­ización en tér­mi­nos de resul­ta­do bru­to del juego (GGR, las can­ti­dades apos­tadas menos los pre­mios paga­dos) mues­tra una lig­era ten­den­cia a la baja, que tam­bién con­tin­uó durante la primera mitad de 2025: pasó del 51% a finales de 2024 al 49% a comien­zos de 2025”, señaló el informe de la KSA.

Si se deja de lado el enfoque de la indus­tria, la respues­ta resul­ta bas­tante más com­ple­ja.

El rendimien­to bru­to del juego (GGY) en Gran Bre­taña alcanzó los £16.800 mil­lones (US$22.210 mil­lones) durante los 12 meses has­ta mar­zo de 2024, según la Comisión de Juego del Reino Unido. Esto rep­re­sen­ta un incre­men­to del 7,35%. El juego remo­to rep­re­sen­tó casi el 50% de esos ingre­sos.

El impuesto del 40% apli­ca­do en Gran Bre­taña será la próx­i­ma prue­ba en el mun­do real, y los datos cor­re­spon­di­entes al perío­do 2025–2026 deberían apor­tar algu­nas respues­tas.

El mod­e­lo de Copen­hagen Eco­nom­ics en el que los organ­is­mos de la indus­tria se apo­yaron durante una déca­da ya ha sido puesto a prue­ba en dece­nas de mer­ca­dos.

Y los resul­ta­dos son mucho más ambigu­os de lo que sug­iere la nar­ra­ti­va de “si les cobran más impuestos, se irán”.

Sin embar­go, el caso neer­landés cier­ta­mente deja algunos inter­ro­gantes sobre la mesa.

Aun así, £1.000 mil­lones (US$1.320 mil­lones) des­ti­na­dos a la sanidad públi­ca y los aumen­tos impos­i­tivos dirigi­dos a finan­ciar el bien­es­tar infan­til difí­cil­mente pueden con­sid­er­arse resul­ta­dos cat­a­stró­fi­cos.

Gravar a una indus­tria basa­da en con­seguir que las per­sonas gas­ten más de lo que tenían pre­vis­to resul­ta, al menos, una fuente de ingre­sos más defendible que muchas otras.

Espe­cial­mente cuan­do esa indus­tria con­tinúa sien­do uno de los mer­ca­dos de may­or crec­imien­to a niv­el mundi­al.

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