El caso Andrea Pirlo podría marcar un antes y un después para los patrocinios en la industria del iGaming


El papel de Andrea Pir­lo como emba­jador de la casa de apues­tas rusa Fon­bet le costó la opor­tu­nidad de con­ver­tirse en selec­cionador de Italia, generan­do un nue­vo capí­tu­lo neg­a­ti­vo para el fút­bol ital­iano y indi­rec­ta­mente la indus­tria del iGam­ing.

Tras no lograr la clasi­fi­cación a las últi­mas tres Copas del Mun­do, el fút­bol ital­iano esta­ba prepara­do para una pro­fun­da reestruc­turación lid­er­a­da por la leyen­da del AC Milan, Pao­lo Mal­di­ni. Sin embar­go, el proyec­to ape­nas duró 16 días. Poco después del anun­cio de la lle­ga­da de Pir­lo, su vín­cu­lo com­er­cial con Fon­bet se con­vir­tió en el prin­ci­pal obstácu­lo para conc­re­tar su nom­bramien­to como selec­cionador de Italia.

La decisión provocó una reac­ción inmedi­a­ta entre diri­gentes y afi­ciona­dos, obligan­do a la Fed­eración Ital­iana a dar mar­cha atrás. La con­tro­ver­sia tam­bién des­en­ca­denó fuertes ten­siones inter­nas que ter­mi­naron con las renun­cias de fig­uras clave como Pao­lo Mal­di­ni y Leonar­do.

Mien­tras gran parte de la pren­sa deporti­va se ha cen­tra­do en el enési­mo escán­da­lo del fút­bol ital­iano, la indus­tria del iGam­ing obser­va una cuestión mucho más rel­e­vante: ¿podría el caso Pir­lo cam­biar la for­ma en que las casas de apues­tas ges­tio­nan sus acuer­dos com­er­ciales con fig­uras del deporte?

En el caso de Pir­lo, su lle­ga­da a la selec­ción ital­iana se frus­tró por el rec­ha­zo políti­co y social a sus vín­cu­los con una empre­sa de apues­tas rusa. Sus críti­cos cues­tionaron tan­to la éti­ca como la ima­gen de pro­mo­cionar una mar­ca rusa mien­tras Italia mantiene su apoyo a Ucra­nia, espe­cial­mente después de que el exfut­bolista apareciera jun­to a fig­uras vin­cu­ladas a la pro­pa­gan­da de guer­ra en un esta­dio de Moscú.

A ello se sumaron las pre­ocu­pa­ciones de orga­ni­za­ciones de con­sum­i­dores sobre el con­flic­to de interés que supon­dría que el selec­cionador nacional pro­mo­cionara una empre­sa de apues­tas, además de quienes pusieron en duda su trayec­to­ria como entre­nador tras sus pasos por Juven­tus y Sam­p­do­ria.

El fút­bol ital­iano, además, mantiene una relación espe­cial­mente com­ple­ja con las apues­tas. En los últi­mos años, los medioc­amp­is­tas San­dro Tonali y Nicolò Fagi­oli fueron sus­pendi­dos tras admi­tir infrac­ciones rela­cionadas con las apues­tas deporti­vas. Mucho antes, el escán­da­lo del Totonero en la déca­da de 1980 destapó una red de amaño de par­tidos en la Serie A y la Serie B, mien­tras que el caso Scommes­sopoli de 2012 rev­eló una orga­ni­zación inter­na­cional ded­i­ca­da a manip­u­lar encuen­tros del fút­bol ital­iano.

¿Qué puede significar esto para la industria del iGaming?

Durante los últi­mos cua­tro años, las casas de apues­tas han apos­ta­do con fuerza por aso­cia­rse a grandes fig­uras del fút­bol. Des­de René Higu­i­ta y Dun­ga has­ta Luis Suárez y Rober­to Bag­gio, la lista de emba­jadores no deja de cre­cer.

La fór­mu­la siem­pre ha sido sen­cil­la: los oper­adores aprovechan el pres­ti­gio y la ima­gen de estas leyen­das para for­t­ale­cer sus mar­cas, mien­tras que los exju­gadores encuen­tran una nue­va fuente de ingre­sos tras su retiro.

Sin embar­go, el caso Pir­lo plantea una pre­gun­ta legí­ti­ma: ¿dónde debe trazarse el límite? ¿Existe un con­flic­to de interés inevitable cuan­do un entre­nador en acti­vo —o inclu­so un jugador en acti­vo— pro­mo­ciona una empre­sa de apues­tas?

Ese debate ya está pre­sente en otros mer­ca­dos. El campeón del mun­do con Argenti­na, Emil­iano “Dibu” Martínez, se encuen­tra bajo inves­ti­gación por parte de la Fed­eración Ingle­sa (FA) por pre­sun­ta­mente incumplir las nor­mas que pro­híben a los fut­bolis­tas pro­mo­cionar mar­cas de apues­tas a través de su relación com­er­cial con la casa argenti­na bplay.

Al mis­mo tiem­po, la cre­ciente pre­ocu­pación por la inte­gri­dad deporti­va, los escán­da­los rela­ciona­dos con las apues­tas y el auge de los mer­ca­dos de predic­ción han incre­men­ta­do el escru­ti­nio sobre la relación entre el juego y el deporte. Que un selec­cionador nacional man­ten­ga vín­cu­los com­er­ciales con una casa de apues­tas solo ali­men­ta las dudas sobre posi­bles con­flic­tos de interés y la per­cep­ción públi­ca.

Como explicó a IGF Enrique Romero, de Gold­en­Bet Méx­i­co, esta situación podría obligar a toda la indus­tria a replantearse este tipo de acuer­dos.

“Creo que el pun­to es que esto no solo afec­ta a Pir­lo; nos afec­ta a todos. Afec­ta a las casas de apues­tas, a los provee­dores y a la indus­tria en su con­jun­to.

“Cuan­do Apues­ta Gana fichó a Rafael Márquez en Méx­i­co, me hice una pre­gun­ta: ¿cómo tomas a un ref­er­ente del fút­bol mex­i­cano, lo con­viertes en emba­jador, aprove­chas toda su exposi­ción y, cuan­do atraviesa un prob­le­ma por su pre­sun­ta relación con el crimen orga­ni­za­do, lo primero que haces es rescindir el con­tra­to? No hay lóg­i­ca en el nego­cio. Todos ten­emos buenos y mal­os momen­tos.

“Yo tam­bién tuve a Osval­do Sánchez como emba­jador de Cool­bet en Méx­i­co. Cuan­do se vio involu­cra­do en opin­iones y temas en redes sociales que no eran ade­cua­dos para la mar­ca, eso tam­bién ter­minó afec­tán­do­lo a él.

“Los patrocin­ios ya son vis­tos de for­ma neg­a­ti­va en muchas partes del mun­do. Mucho más cuan­do un jugador apues­ta o habla sobre el tema. Su úni­co papel den­tro de esta indus­tria debe estar en la can­cha. Fuera de ella, deben man­ten­erse al mar­gen.”

Aún está por verse si el caso Pir­lo será un episo­dio ais­la­do o el ini­cio de un cam­bio más pro­fun­do. Lo que sí ha deja­do claro es que los ries­gos rep­uta­cionales para oper­adores y emba­jadores son cada vez may­ores. A medi­da que aumen­tan la pre­sión reg­u­la­to­ria y el escru­ti­nio públi­co, es prob­a­ble que las casas de apues­tas adopten cri­te­rios más estric­tos a la hora de ele­gir a sus rep­re­sen­tantes, pri­or­izan­do a exju­gadores, acuer­dos con clubes o fig­uras ale­jadas de la com­pe­ten­cia acti­va.

El val­or com­er­cial de los emba­jadores deportivos difí­cil­mente desa­pare­cerá, pero el caso Pir­lo podría mar­car el pun­to de inflex­ión que rede­fi­na dónde ter­mi­na una opor­tu­nidad de mar­ket­ing y comien­za un ries­go para la rep­utación.

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