Las reglas no escritas del iGaming en México


Quienes obser­van el mer­ca­do del iGam­ing en Méx­i­co des­de el exte­ri­or sue­len ten­er la primera impre­sión de que se tra­ta de un país con un enorme poten­cial, pero con unas reglas difí­ciles de descifrar. No es una per­cep­ción del todo equiv­o­ca­da. Méx­i­co es uno de los mer­ca­dos de juego más grandes de Améri­ca Lati­na, pero tam­bién uno de los que tienen una estruc­tura oper­a­ti­va más par­tic­u­lar.

En con­traste con otras regiones donde la expan­sión del juego en línea ha sido pro­movi­da por licen­cias dig­i­tales autóno­mas, la evolu­ción del ámbito en Méx­i­co ha toma­do un rum­bo difer­ente. La indus­tria mod­er­na del juego se con­struyó orig­i­nal­mente en torno a los casi­nos físi­cos autor­iza­dos por la Sec­re­taría de Gob­er­nación, y esta base sigue definien­do en gran medi­da el fun­cionamien­to actu­al del eco­sis­tema dig­i­tal.

En la prác­ti­ca, esto sig­nifi­ca que el mer­ca­do no opera como un sis­tema com­ple­ta­mente abier­to en el que cualquier oper­ador inter­na­cional puede solic­i­tar una licen­cia direc­ta para ofre­cer apues­tas o jue­gos de casi­no en línea. La estruc­tura gira en torno a los per­mi­sion­ar­ios, empre­sas que poseen autor­iza­ciones históri­c­as para oper­ar establec­imien­tos de juego y que, con el paso del tiem­po, han ampli­a­do su pres­en­cia al entorno dig­i­tal.

Este mod­e­lo ha dado lugar a una dinámi­ca muy car­ac­terís­ti­ca del mer­ca­do mex­i­cano: la indus­tria fun­ciona, en gran medi­da, a través de alian­zas. Los oper­adores inter­na­cionales, las platafor­mas tec­nológ­i­cas y los provee­dores espe­cial­iza­dos sue­len colab­o­rar con gru­pos locales que ya cuen­tan con per­misos, cono­cen el entorno reg­u­la­to­rio y tienen rela­ciones estable­ci­das den­tro de la indus­tria. Más que un sim­ple req­ui­si­to legal, este esque­ma ha ter­mi­na­do por mold­ear la cul­tura empre­sar­i­al del sec­tor.

Para muchas com­pañías extran­jeras, enten­der este pun­to es fun­da­men­tal. En Méx­i­co, la tec­nología por sí sola no garan­ti­za el éxi­to. La pres­en­cia local, las rela­ciones a largo pla­zo y el conocimien­to del fun­cionamien­to insti­tu­cional son fun­da­men­tales.

El com­por­tamien­to del jugador mex­i­cano tam­bién expli­ca por qué cier­tas ver­ti­cales han cre­ci­do más rápi­do que otras. Aunque las apues­tas deporti­vas aca­paran la may­or parte del vol­u­men de mer­ca­do, el casi­no en vivo ha gana­do ter­reno de for­ma notable en los últi­mos años. La posi­bil­i­dad de inter­ac­tu­ar con crupieres reales en español y de recrear la expe­ri­en­cia de un casi­no tradi­cional den­tro de una platafor­ma dig­i­tal ha demostra­do ser espe­cial­mente atrac­ti­va para el públi­co local.

Des­de el pun­to de vista reg­u­la­to­rio, el país vive una situación par­tic­u­lar. La Ley Fed­er­al de Jue­gos y Sor­te­os, que rige la activi­dad, fue pro­mul­ga­da en 1947, mucho antes de la apari­ción de los jue­gos en línea. No obstante, a lo largo de los años se han desar­rol­la­do reglamen­tos y cri­te­rios admin­is­tra­tivos que han per­mi­ti­do adap­tar su apli­cación al entorno dig­i­tal. Este pro­ce­so ha sus­ci­ta­do debate den­tro de la indus­tria, pero ha per­mi­ti­do que el mer­ca­do crez­ca de man­era rel­a­ti­va­mente estable mien­tras se dis­cuten posi­bles refor­mas legales.

Tec­nología y diver­si­dad

El resul­ta­do es un eco­sis­tema que com­bi­na ele­men­tos tradi­cionales con inno­vación tec­nológ­i­ca. En lugar de un mer­ca­do frag­men­ta­do o caóti­co, Méx­i­co ha desar­rol­la­do una indus­tria que opera con cier­to gra­do de insti­tu­cional­i­dad y en la que par­tic­i­pan gru­pos empre­sar­i­ales con pres­en­cia nacional, oper­adores inter­na­cionales y provee­dores de tec­nología espe­cial­iza­dos.

Las empre­sas que obser­van el mer­ca­do mex­i­cano hoy en día no solo tienen la opor­tu­nidad de par­tic­i­par en grandes even­tos deportivos o en momen­tos pun­tuales de crec­imien­to. El ver­dadero poten­cial rad­i­ca en com­pren­der la diver­si­dad del país. Méx­i­co no es un mer­ca­do homogé­neo. Las pref­er­en­cias deporti­vas, los hábitos de con­sumo y la com­pe­ten­cia varían sig­ni­fica­ti­va­mente de una región a otra.

En el norte, la cul­tura y el deporte esta­dounidens­es tienen una fuerte influ­en­cia, mien­tras que en el cen­tro y el sur el fút­bol nacional mantiene una pres­en­cia dom­i­nante. Los oper­adores que logran adap­tar su estrate­gia a estas difer­en­cias regionales sue­len estable­cer rela­ciones más duraderas con los jugadores y desar­rol­lar mar­cas con may­or reconocimien­to.

En este sen­ti­do, Méx­i­co se ha con­ver­tido en un ref­er­ente impre­scindible en el mapa del iGam­ing lati­noamer­i­cano. No nece­sari­a­mente por con­tar con la reg­u­lación más mod­er­na, sino por haber con­stru­i­do un mod­e­lo de operación en el que la tec­nología inter­na­cional se inte­gra con estruc­turas empre­sar­i­ales locales que cono­cen bien el ter­reno.

Rosa Ochoa

Quienes bus­can enten­der el futuro del juego online en la región pueden apren­der una lec­ción clara del mer­ca­do mex­i­cano. En esta indus­tria, el crec­imien­to no depende úni­ca­mente de la inno­vación tec­nológ­i­ca. Tam­bién depende de la capaci­dad de com­pren­der la cul­tura del mer­ca­do, estable­cer alian­zas sól­i­das y oper­ar con una visión a largo pla­zo.

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