La nueva frontera del juego online en México es la confianza


La sem­ana pasa­da, en Ciu­dad de Méx­i­co, tuve la opor­tu­nidad de mod­er­ar una con­ver­sación sobre fraude, iden­ti­dad dig­i­tal y KYC en la indus­tria del juego online. Entre cifras sobre inteligen­cia arti­fi­cial, deep­fakes y nuevas for­mas de suplantación de iden­ti­dad, hubo una idea que me pare­ció espe­cial­mente rel­e­vante para Méx­i­co: ver­i­ficar la iden­ti­dad de un jugador al momen­to del reg­istro ya no es sufi­ciente para saber quién está detrás de esa cuen­ta durante toda su relación con el oper­ador.

Durante años, bue­na parte de la con­ver­sación sobre KYC se con­cen­tró en el onboard­ing. El jugador pro­por­ciona infor­ma­ción, acred­i­ta su iden­ti­dad y obtiene acce­so a la platafor­ma. Este pro­ce­so sigue sien­do indis­pens­able, pero el entorno dig­i­tal ha cam­bi­a­do. El fraude tam­bién puede apare­cer después de que una cuen­ta ha sido cor­rec­ta­mente ver­i­fi­ca­da.

Una cuen­ta puede cam­biar de dis­pos­i­ti­vo, incor­po­rar un nue­vo méto­do de pago, mod­i­ficar infor­ma­ción per­son­al, solic­i­tar la recu­peración de una con­traseña o realizar un retiro que no cor­re­sponde con su com­por­tamien­to habit­u­al. Tam­bién puede ser com­pro­meti­da por un ter­cero. El prob­le­ma ya no con­siste sola­mente en deter­mi­nar quién entra a una platafor­ma, sino en man­ten­er sufi­ciente certeza sobre quién está operan­do esa cuen­ta a lo largo del tiem­po.

Esta evolu­ción resul­ta espe­cial­mente rel­e­vante para Méx­i­co. La expan­sión del juego online coin­cide con una ele­va­da uti­lización de dis­pos­i­tivos móviles y una cre­ciente adop­ción de pagos dig­i­tales. Cuan­to más sen­cil­la se vuelve la inter­ac­ción dig­i­tal, may­or impor­tan­cia adquieren los mecan­is­mos capaces de pro­te­gerla sin intro­ducir fric­ción innece­saria.

Los casos dis­cu­ti­dos durante el even­to ayu­dan a dimen­sion­ar el cam­bio. Los inten­tos de fraude apoy­a­dos en inteligen­cia arti­fi­cial gen­er­a­ti­va, deep­fakes y nuevas for­mas de suplantación mues­tran que las her­ramien­tas uti­lizadas para atacar las platafor­mas están evolu­cio­nan­do al mis­mo tiem­po que las tec­nologías dis­eñadas para pre­venir­los.

A medi­da que cre­cen el vol­u­men de transac­ciones y la inter­ac­ción dig­i­tal, tam­bién aumen­ta el cos­to poten­cial de equiv­o­carse en ambos sen­ti­dos: per­mi­tir oper­ar a quien no debería hac­er­lo o pon­er obstácu­los innece­sar­ios a quien ya ha demostra­do ser quien dice ser.

La sofisti­cación del KYC debería medirse, por tan­to, no por la can­ti­dad de bar­reras que encuen­tra un jugador, sino por la capaci­dad de aplicar la ver­i­fi­cación ade­cua­da en el momen­to ade­cua­do.

Esto refuerza la impor­tan­cia de adop­tar un enfoque basa­do en ries­go. Un jugador cuya iden­ti­dad, dis­pos­i­ti­vo, com­por­tamien­to y transac­ciones mantienen señales con­sis­tentes no debería enfrentar innece­sari­a­mente la mis­ma fric­ción que una cuen­ta que comien­za a pre­sen­tar anom­alías. Los con­troles adi­cionales pueden con­cen­trarse pre­cisa­mente donde el ries­go aumen­ta.

Pero existe otra dimen­sión que con­sidero igual­mente impor­tante. Una bue­na estrate­gia de iden­ti­dad no pro­tege sola­mente al oper­ador.

Tam­bién ofrece seguri­dad y certeza al jugador. Saber que exis­ten mecan­is­mos para impedir que otra per­sona tome con­trol de su cuen­ta, mod­i­fique infor­ma­ción sen­si­ble o intente reti­rar sus fon­dos for­ma parte de la con­fi­an­za que deposi­ta­mos en cualquier ser­vi­cio dig­i­tal. En el juego online, donde iden­ti­dad y dinero están estrechamente rela­ciona­dos, esa con­fi­an­za adquiere todavía may­or impor­tan­cia.

La iden­ti­fi­cación ade­cua­da tam­bién puede con­tribuir a con­stru­ir un entorno de juego más seguro. Cono­cer con may­or certeza quién uti­liza una cuen­ta facili­ta ver­i­ficar edad e iden­ti­dad y per­mite aso­ciar cor­rec­ta­mente her­ramien­tas como límites, aler­tas o mecan­is­mos de autoex­clusión con la per­sona a la que deben pro­te­ger. Iden­ti­dad dig­i­tal, pre­ven­ción de fraude y juego respon­s­able no son lo mis­mo, pero cada vez resul­ta más difí­cil tratar­los como pro­ce­sos com­ple­ta­mente sep­a­ra­dos.

Aquí aparece una opor­tu­nidad impor­tante para el mer­ca­do mex­i­cano. Los pro­ce­sos de KYC pueden evolu­cionar de ser pro­ced­imien­tos con­cen­tra­dos en el reg­istro hacia una infraestruc­tura de con­fi­an­za que acom­pañe dis­tin­tos momen­tos de la relación con el jugador.

                   Rosa Ochoa

Esto tam­bién cam­bia la man­era de eval­u­ar su retorno. Pre­venir el fraude pro­tege ingre­sos, pro­mo­ciones y pro­ce­sos de retiro. Pero una bue­na gestión de iden­ti­dad tam­bién pro­tege al usuario y puede for­t­ale­cer algo mucho más difí­cil de con­stru­ir que una cuen­ta nue­va: la con­fi­an­za en la platafor­ma.

La con­ver­sación que mod­eré la sem­ana pasa­da me dejó pre­cisa­mente esa reflex­ión. La sigu­iente eta­pa del KYC prob­a­ble­mente no estará defini­da por pedir cada vez más infor­ma­ción, sino por uti­lizar mejor las señales disponibles para deter­mi­nar cuán­do existe real­mente un ries­go.

Para el mer­ca­do de juego en línea en Méx­i­co, cono­cer al jugador ya no puede sig­nificar sola­mente saber quién abrió una cuen­ta. El ver­dadero desafío será pro­te­ger la relación durante todo su ciclo de vida y hac­er­lo de una man­era que dé may­or certeza tan­to al oper­ador como al jugador.

En un mer­ca­do cada vez más dig­i­tal, la con­fi­an­za puede con­ver­tirse en una de las próx­i­mas ven­ta­jas com­pet­i­ti­vas del juego online en Méx­i­co.

 

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