El Mundial de 2022 dejó una evidencia que nadie en la industria puede ignorar: los grandes torneos disparan la actividad de las apuestas hasta alcanzar niveles récord. En los mercados regulados, los operadores informaron de picos de volumen sin precedentes durante el Mundial de Catar 2022, con millones de nuevos tickets y una implicación sostenida durante semanas.
Ahora el contexto es distinto. México será anfitrión junto con Estados Unidos y Canadá, en un formato ampliado a 48 selecciones y 104 partidos. Habrá más fechas, más mercados en vivo y más oportunidades comerciales para los operadores locales si logran adaptarse a un usuario radicalmente distinto del de hace apenas cuatro años.
Según estimaciones de Astute Analytica, el mercado del juego en México alcanzó los 11.000 millones de dólares en 2024, impulsado por la recuperación del segmento presencial y la rápida expansión del juego en línea. Los análisis coinciden en que la vertical online ya representa una porción significativa del total y que, durante la próxima década, seguirá creciendo a doble dígito. De hecho, diversas consultoras prevén un incremento anual compuesto cercano al 15% hasta 2033, sustentado en la adopción digital, el acceso móvil y la madurez del consumidor mexicano.
Según el informe Digital 2024 de DataReportal, México cerró 2024 con alrededor de 125 millones de conexiones móviles activas, equivalentes al 97 % de la población. Esta penetración convierte al teléfono móvil en el principal punto de contacto entre el jugador y la casa de apuestas. (El porcentaje se refiere a conexiones activas, no necesariamente a usuarios únicos, ya que muchas personas poseen más de una línea móvil).
La infraestructura digital no solo facilita la inmediatez de las transacciones, sino que también ha permitido el acceso a una nueva generación de usuarios jóvenes, informados y con una estrategia más definida a la hora de participar en el mercado de las apuestas deportivas.
¿Qué motiva al jugador mexicano?
Los estudios de TGM Research revelan que los tres principales motivos para apostar son ganar dinero (41 %), la emoción del juego (43 %) y la comodidad del canal digital (más del 70 %). Sin embargo, el dato más revelador es que la mayoría de los apostantes afirma estar «interesada en aprender a apostar mejor», lo que indica un perfil menos impulsivo y más orientado a la información. La alta preferencia por el canal online y el reconocimiento de marcas locales, como Caliente, y globales, como Betcris y Codere, refuerzan esta tendencia.
En este nuevo contexto, el apostador mexicano combina pasión y análisis. Consume contenidos de predicciones, modelos de probabilidad y pronósticos en tiempo real, y valora la transparencia, las estadísticas y la personalización. La enseñanza de 2022 es clara: el volumen aumenta durante los grandes torneos, pero la fidelidad se consigue cuando el usuario percibe control, utilidad y seguridad.
Lo que cambiará de cara a 2026
El Mundial de 2026 marcará un antes y un después en el mercado mexicano. Con más partidos, horarios atractivos y micromercados especializados, los operadores con catálogos amplios y capacidad para ajustar las cuotas en tiempo real estarán mejor posicionados para satisfacer la demanda.
Al mismo tiempo, la generalización de internet móvil permite realizar todo el proceso de apuesta desde el teléfono: descubrir mercados en redes sociales, comparar cuotas, hacer cash out y acceder a recompensas en una sola sesión. Este usuario móvil y social privilegia la información sobre la intuición. Para este tipo de usuario, las plataformas que integren visualizaciones, recomendaciones basadas en IA y registros sin fricción tendrán ventaja.
La llegada de nuevos apostadores también abre una oportunidad de educación y seguridad. Será esencial comunicar los límites de apuesta, la verificación de edad y las herramientas de autocontrol. Los estudios de integridad de IBIA y H2 Gambling Capital muestran que los mercados con una oferta legal competitiva y unas reglas claras logran canalizar más del 90 % de las apuestas.

El Mundial de 2026 no solo será un torneo, sino también una vitrina para el mercado regulado mexicano. El país llega con mejor conectividad, una base de jugadores digitales más madura y un ecosistema de operadores que, si evoluciona a tiempo, puede convertir la fiesta del fútbol en un punto de inflexión para la industria del iGaming.
El apostador mexicano de 2026 ya no será el mismo que apostaba por impulso en 2018. Será un usuario móvil, analítico y exigente que demandará datos, agilidad y confianza. Quien entienda esta transformación no solo participará del auge, sino que ayudará a definir el futuro de las apuestas deportivas en México.









