La Corte Suprema de Brasil (STF) tiene agendada para el miércoles una decisión de suma importancia para el sector del juego.
El fallo del tribunal sobre el Recurso Extraordinario RE 966.177, que aborda la criminalización de los juegos de azar en Brasil, tiene el potencial de redefinir el marco legal que regula el juego en todo el país, con impacto sobre todo para los casinos físicos y el “jogo do bicho” clandestino.
En el centro del debate se encuentra una pregunta que ha mantenido paralizados a los tribunales durante años: ¿la prohibición que criminalizó la exploración de juegos de azar en Brasil establecida en 1941 en el Decreto-Ley 3.688/1941, conocido como la Ley de Contravenciones Penales, fue o no incorporada por la Constitución Federal de 1988?
Si la mayoría de los ministros adopta el criterio de un fallo emitido en Rio Grande do Sul y concluye que la Constitución de 1988 no incorporó el artículo 50 de la Ley de Contravenciones Penales, los juegos de azar dejarán de constituir una contravención penal en todo Brasil.
Para el juego presencial en los casinos, esto no implicaría una legalización inmediata, sino una situación de ausencia de regulación específica, quedando en manos del Poder Ejecutivo establecer un marco regulatorio mediante legislación aprobada por el Congreso Nacional. Esto aceleraría la aprobación del proyecto de ley 2234/22, actualmente en el Pleno del Senado. Si es aprobado sin modificaciones, el texto será enviado al presidente Luiz Inácio Lula da Silva para su sanción.
Mientras la corte no resuelva esta cuestión, los procesos relacionados con lavado de dinero y contravenciones penales continúan suspendidos en todo el país.
El caso llegó al STF hace una década, cuando el Ministerio Público de Rio Grande do Sul presentó un recurso contra una decisión del Tribunal de Apelación de los Juzgados Especiales de ese estado.
El acusado, Guilherme Tarigo Heinz, enfrentaba cargos por explotación de juegos de azar. Sin embargo, el tribunal consideró que la conducta no constituía una infracción penal, al sostener que los fundamentos históricos de la prohibición no son compatibles con los principios constitucionales vigentes, especialmente la libre iniciativa y las libertades fundamentales previstas en los artículos 1, inciso IV; 5, inciso XLI; y 170 de la Constitución actual de Brasil.
El caso fue discutido pero nunca llegó a ser analizado por el pleno y la indefinición mantiene paralizados a los tribunales.
La demora de una decisión del STF sobre la compatibilidad del artículo 50 del Decreto-Ley 3.688/1941 con la Constitución de 1988 genera efectos en cadena sobre todos los procesos de lavado de dinero cuyo delito precedente sea la explotación de juegos de azar. Sin una definición sobre si la actividad constituye o no una contravención penal, los tribunales de todo el país enfrentan una disyuntiva: emitir decisiones que posteriormente podrían ser anuladas o suspender los procesos por tiempo indefinido.
Los abogados también sostienen que el propio Estado creó una incoherencia regulatoria. Las Leyes 13.756/2018 y 14.790/2023 legalizaron y regularon las apuestas de cuota fija en entornos digitales, conocidas como *bets*.
“Como consecuencia, una misma actividad pasó a ser legal cuando se realiza mediante plataformas electrónicas e ilegal cuando se desarrolla en establecimientos físicos. Según los abogados, esta distinción carece de racionalidad jurídica y vulnera los principios de igualdad ante la ley y de libre iniciativa”, sostuvo Magnho José, el editor de BNLData, el mayor portal de noticias sobre la industria del juego en Brasil.
“Los juegos en línea cuentan con un marco fiscal y tributario establecido y validado por las autoridades gubernamentales, lo que, según la defensa, demuestra la viabilidad de aplicar un modelo similar a las operaciones presenciales, siempre que el STF resuelva el fondo del RE 966.177”, escribió en su publicación.
En la práctica, el criterio del STF podría tener un impacto directo no solo para los casinos sino la explotación de juegos de azar en general en Brasil, incluyendo la popular y tradicional loteria de animales, el jogo do bicho, que ha seguido funcionando pese a que fue prohibido al comienzo del siglo pasado.









