Rutgers alerta que el 42,7% de los adolescentes estadounidenses ha apostado en el último año


El 42,7% de los ado­les­centes esta­dounidens­es de entre 13 y 17 años ha par­tic­i­pa­do en activi­dades de apues­tas durante el últi­mo año, y el 11% de ellos pre­sen­ta un alto ries­go de desar­rol­lar prob­le­mas rela­ciona­dos con el juego, según un impor­tante informe sobre apues­tas entre menores pub­li­ca­do ayer por la pres­ti­giosa Uni­ver­si­dad Rut­gers.

Más de la mitad (52,5%) de los esta­dounidens­es de entre 13 y 27 años afir­mó haber apos­ta­do durante los últi­mos 12 meses. Entre los ado­les­centes de 13 a 17 años, la pro­por­ción fue del 42,7%, según inves­ti­gadores del Cen­tro de Estu­dios sobre el Juego de la Escuela de Tra­ba­jo Social de Rut­gers.

Estos resul­ta­dos for­man parte del primer estu­dio nacional esta­dounidense sobre la preva­len­cia del juego entre ado­les­centes y adul­tos jóvenes en casi dos décadas.

Los inves­ti­gadores del informe Ado­les­cent and Emerg­ing Adult Gam­bling in the Unit­ed States encues­taron a 1.677 jóvenes esta­dounidens­es y des­cubrieron que el 5,4% del total de par­tic­i­pantes pre­senta­ba un alto ries­go de desar­rol­lar prob­le­mas con el juego, una clasi­fi­cación que se cor­re­sponde con la adic­ción al juego en con­tex­tos clíni­cos.

«Estos resul­ta­dos deberían ser una lla­ma­da de aten­ción para padres, edu­cadores, pro­fe­sion­ales san­i­tar­ios y respon­s­ables políti­cos», afir­mó Lia Now­er, direc­to­ra del cen­tro y respon­s­able del estu­dio.

«El juego ya no se limi­ta a los casi­nos y los bil­letes de lotería. Cada vez está más pre­sente en los video­jue­gos, las retrans­mi­siones deporti­vas y otros pro­duc­tos a los que los jóvenes pueden acced­er».

Alta prevalencia de problemas relacionados con el juego

Entre quienes habían par­tic­i­pa­do en activi­dades de apues­tas durante el últi­mo año, el 39,5% declaró pre­sen­tar algunos sín­tomas de juego prob­lemáti­co, mien­tras que el 10,3% fue clasi­fi­ca­do como de alto ries­go.

Entre los ado­les­centes de 13 a 17 años que habían apos­ta­do, aprox­i­mada­mente el 11% pre­senta­ba un alto ries­go de desar­rol­lar prob­le­mas rela­ciona­dos con el juego, a pesar de estar por deba­jo de la edad legal para par­tic­i­par en la may­oría de las activi­dades de apues­tas reg­u­ladas.

En com­para­ción, se esti­ma que menos del 2% de la población adul­ta gen­er­al cumple los cri­te­rios diag­nós­ti­cos de adic­ción al juego.

El estu­dio com­ple­to anal­izó 21 activi­dades rela­cionadas con las apues­tas, tan­to tradi­cionales como otras for­mas de juego y par­tic­i­pación con dinero o pre­mios. Entre ellas se incluyeron el bin­go, las rifas, los jue­gos de habil­i­dad, las apues­tas deporti­vas y el com­er­cio de crip­tomonedas. La inves­ti­gación abar­có tan­to activi­dades online como pres­en­ciales.

Productos que pueden servir de puerta de entrada al juego

Los inves­ti­gadores tam­bién exam­i­naron nuevas activi­dades sim­i­lares a las apues­tas que resul­tan más acce­si­bles que las modal­i­dades de juego legal­izadas por los esta­dos.

Entre ellas se encuen­tran los mer­ca­dos de predic­ción, que, según el informe, per­miten a los par­tic­i­pantes apos­tar sobre acon­tec­imien­tos deportivos medi­ante con­tratos vin­cu­la­dos a even­tos y que actual­mente se encuen­tran fuera de los mar­cos reg­u­la­to­rios tradi­cionales del juego en los dis­tin­tos esta­dos.

El estu­dio tam­bién anal­izó los jue­gos de casi­no sociales, que sim­u­lan las apues­tas en casi­nos sin exi­gir ini­cial­mente un desem­bol­so económi­co para jugar.

Los inves­ti­gadores des­cubrieron que aprox­i­mada­mente el 40% de los par­tic­i­pantes en mer­ca­dos de predic­ción y el 41% de los jugadores de casi­nos sociales fueron clasi­fi­ca­dos como per­sonas con alto ries­go de desar­rol­lar prob­le­mas rela­ciona­dos con el juego. Según el informe, estas tasas son casi cua­tro veces supe­ri­ores a las obser­vadas en otras activi­dades de apues­tas.

La influencia del entorno familiar

Los inves­ti­gadores señalaron que las apues­tas entre famil­iares y otros miem­bros del hog­ar esta­ban estrechamente rela­cionadas con la par­tic­i­pación de los jóvenes en estas activi­dades y con la apari­ción de prob­le­mas aso­ci­a­dos al juego.

En gen­er­al, el 41,1% de los encues­ta­dos afir­mó que algún famil­iar o miem­bro de su hog­ar par­tic­i­pa­ba en activi­dades de apues­tas. Entre los ado­les­centes de 13 a 17 años, la pro­por­ción ascendió al 51,5%.

Entre los ado­les­centes de ese mis­mo grupo de edad clasi­fi­ca­dos como de alto ries­go, el 75,5% tenía algún famil­iar que apos­ta­ba, el 66,3% creía que un famil­iar tenía prob­le­mas con el juego y el 61,2% había par­tic­i­pa­do en apues­tas jun­to a un miem­bro de su famil­ia.

Factores socioeconómicos

Los fac­tores socioe­conómi­cos tam­bién tuvieron un peso impor­tante en los resul­ta­dos. Los par­tic­i­pantes afroamer­i­canos reg­is­traron la may­or tasa de par­tic­i­pación en activi­dades de apues­tas durante el últi­mo año, con un 63,9%.

Entre quienes habían apos­ta­do, el 17,7% de los par­tic­i­pantes afroamer­i­canos y el 12,8% de los his­panos fueron clasi­fi­ca­dos como per­sonas con alto ries­go de desar­rol­lar prob­le­mas rela­ciona­dos con el juego. Entre los par­tic­i­pantes blan­cos, la pro­por­ción fue del 6,4%.

Los ingre­sos famil­iares más bajos tam­bién estu­vieron aso­ci­a­dos con may­ores nive­les de ries­go.

Casi el 30% de los par­tic­i­pantes que habían apos­ta­do y pertenecían a hog­a­res con ingre­sos anuales infe­ri­ores a US$10.000 (£7.515) fueron clasi­fi­ca­dos como de alto ries­go. La pro­por­ción tam­bién alcanzó el 22,8% entre quienes pro­cedían de hog­a­res con ingre­sos anuales de al menos US$10.000, pero infe­ri­ores a US$20.000 (£15.000).

El juego responsable, bajo la lupa

La inves­ti­gación lle­ga en un momen­to clave para la indus­tria del juego en Esta­dos Unidos, en el que los mer­ca­dos de predic­ción, los casi­nos sociales y las prác­ti­cas de juego respon­s­able están someti­dos a un cre­ciente escru­ti­nio reg­u­la­to­rio.

Var­ios esta­dos tam­bién han comen­za­do a exam­i­nar el uso de la inteligen­cia arti­fi­cial por parte de los oper­adores para diri­girse a los con­sum­i­dores.

Mien­tras tan­to, con­tinúa el debate jurídi­co sobre quién debe reg­u­lar el emer­gente sec­tor de los mer­ca­dos de predic­ción. A esto se suman las pre­gun­tas sobre el lid­er­az­go y la orga­ni­zación del Con­se­jo Nacional sobre el Juego Prob­lemáti­co de Esta­dos Unidos (Nation­al Coun­cil on Prob­lem Gam­bling), que han inten­si­fi­ca­do las pre­ocu­pa­ciones acer­ca de la respues­ta actu­al del sec­tor a los daños rela­ciona­dos con el juego y la pro­tec­ción de los jugadores.

Los inves­ti­gadores de Rut­gers recomien­dan una respues­ta urgente y especí­fi­ca que incluya una mejor edu­cación sobre las apues­tas entre los jóvenes, una may­or super­visión de los nuevos pro­duc­tos que oper­an fuera de los mecan­is­mos de pro­tec­ción reg­u­la­to­ria, están­dares mín­i­mos nacionales para ver­i­ficar la edad de los usuar­ios y finan­ciación para pro­gra­mas de pre­ven­ción y tratamien­to en las comu­nidades con may­ores nive­les de ries­go.

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