Los clubes brasileños de fútbol que han visto devastados sus ingresos de patrocinios y publicidad bajo la prohibición de las apuestas deportivas están buscando nuevos socios comerciales para poder compensar rápidamente las pérdidas millonarias.
Corinthians anunció a la empresa de comercio electrónico Shopee como patrocinador principal hasta el final de 2026, mientras que Atlético Mineiro rescindió su contrato con H2Bet y Santos firmó un acuerdo con el banco digital Agibank hasta el cierre de la temporada.
Aunque estas nuevas alianzas ofrecen alternativas comerciales, no se han divulgado públicamente todos los valores de los contratos, que se estiman que son muy menores a los patrocinios del sector de apuestas online.
El acuerdo anterior de Corinthians con Esportes da Sorte contemplaba pagos de aproximadamente US$28,8 millones anuales, con posibilidad de alcanzar US$38,5 millones mediante bonificaciones. Por su parte, el contrato de Atlético Mineiro con H2Bet estaba valorado en unos US$11,5 millones por temporada, mientras que el acuerdo anterior de Santos con su patrocinador de apuestas se estimaba en aproximadamente US$7 millones anuales.
Estas cifras ilustran la importancia económica de los acuerdos anteriores que garantizaban unos US$200 millones en ingresos anuales por patrocinios que ahora están vetados.
El Brasileirão, la máxima categoría del fútbol brasileño, también ha sufrido un duro golpe económico al perder su acuerdo de patrocinio con Betano que le daba nombre a la competición por tres temporadas y estaba valorado en US$48 millones. Quedó en suspenso. Esto representa una pérdida estimada de US$16 millones por temporada.

Camisetas como protesta
Algunos clubes brasileños han optado por salir al campo sin reemplazar de inmediato a sus patrocinadores de apuestas. En parte de la industria, esta decisión se ha interpretado como una muestra de solidaridad con el sector de apuestas.
Palmeiras, Cruzeiro, Grêmio, Vitória y Atlético Mineiro figuran entre los equipos que han dejado vacío el espacio principal de sus camisetas tras la entrada en vigor de la prohibición decretada el 25 de septiembre por el Presidente Lula da Silva. Palmeiras retiró la marca Sportingbet y Cruzeiro la de Betnacional. Grêmio tampoco llegó a exhibir el logo de Pitaco, pese a haber anunciado el acuerdo pocos días antes de la publicación de la medida.
Mientras los clubes buscan desesperadamente alternativas comerciales, Flamengo se ha convertido en uno de los opositores más visibles a las restricciones.
El equipo de Río de Janeiro ha utilizado su camiseta para exhibir el mensaje “Prohibir no es proteger”, convirtiendo su presencia en el campo en una declaración pública contra la postura del gobierno.

El acuerdo de Flamengo con Betano se ha valorado en US$48 millones anuales, por lo que la interrupción del contrato representa un golpe significativo para su planificación financiera y estrategia comercial.
Los clubes y organizaciones del sector que impulsan la campaña “Prohibir no es proteger” sostienen que las restricciones perjudican la financiación del deporte y favorecen el crecimiento de operadores ilegales. Defienden, en cambio, un mercado regulado con mecanismos de supervisión y medidas de juego responsable para proteger a los consumidores.
CONMEBOL adopta publicidad virtual

Las consecuencias de las restricciones brasileñas también han llegado al fútbol internacional.
La CONMEBOL ha recurrido a la tecnología de publicidad virtual para adaptar las transmisiones de la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana a las restricciones sobre los anuncios de apuestas en Brasil, sin eliminar esa publicidad de las emisiones destinadas a otros mercados.
El sistema permite mostrar anuncios diferentes según el país de destino de la transmisión. Durante el partido entre Vasco da Gama y Boca Juniors del 13 de octubre, por ejemplo, las emisiones internacionales mostraron la marca Bwin en los paneles LED, mientras que el público brasileño vio mensajes institucionales y publicidad de otros patrocinadores.
La solución, sin embargo, no resuelve todas las cuestiones relacionadas con los acuerdos comerciales internacionales. Boca Juniors mantuvo el logo de Betsson en su camiseta durante ese encuentro, lo que pone de manifiesto las dudas que persisten sobre la aplicación de las restricciones a los patrocinios de clubes extranjeros, especialmente cuando los partidos se disputan en territorio brasileño.
Los nuevos acuerdos ofrecen un alivio limitado. Hasta que las autoridades brasileñas aclaren el futuro del mercado, los equipos deberán adaptarse y aguantar una importante reducción de sus ingresos. Los clubes, ligas y socios comerciales enfrentan total incertidumbre financiera.
Clubes como Flamengo, Cruzeiro y São Paulo han apoyado a los recursos presentados por los gremios de la industria de apuestas ante el Supremo Tribunal Federal (STF) buscando suspender la prohibición hasta que el Congreso decida sobre la medida provisional firmada por Lula.
Las organizaciones del sector como la Asociación Nacional de Juegos y Loterías (ANJL), el Instituto Brasileño de Juego Responsable (IBJR) y la Asociación Brasileña de Emisoras de Radio y Televisión (ABERT) cuestionan la constitucionalidad de la prohibición.
Por su parte, los clubes resaltan el impacto de la medida sobre los contratos vigentes y solicitan que se suspendan sus efectos y se establezca un período de transición que permita al sector adaptarse.
En los sectores de juego y del deporte, hay la esperanza de que el candidato presidencial de derecha Flávio Bolsonaro gane la segunda vuelta el domingo ya que ha criticado la acción de Lula como populista y oportunista.
Según el diario O Povo, Bolsonaro informó a los altos ejecutivos del conglomerado mediático Grupo Globo que ya existe un acuerdo en el Congreso brasileño para permitir la reanudación de las apuestas deportivas prohibidas. Queda por verse quién ganará la elección.
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