Panamá endurece la regulación tras el rápido crecimiento del juego online


Panamá no actu­al­iza la reg­u­lación porque el mer­ca­do del juego fuera sim­ple­mente más grande. Lo hizo porque el mer­ca­do cam­bió. Mien­tras las trag­a­monedas con­tinúan con­cen­tran­do la may­or parte de la activi­dad, el juego online se con­vir­tió en el seg­men­to de may­or crec­imien­to y obligó al reg­u­lador a replantear cómo pro­te­ger al jugador en un entorno dig­i­tal.

La respues­ta fue la Ley 527, una refor­ma que incor­po­ra la salud men­tal, la ver­i­fi­cación bio­métri­ca y la seguri­dad dig­i­tal como pilares de la políti­ca públi­ca para la indus­tria del juego. Más allá de sus impli­ca­ciones locales, la leg­is­lación podría antic­i­par el rum­bo que seguirán otros país­es de Cen­troaméri­ca con­forme el juego online con­tinúe expandién­dose.

Las cifras ayu­dan a enten­der por qué el reg­u­lador decidió actu­ar aho­ra. Según datos ofi­ciales del Insti­tu­to Nacional de Estadís­ti­ca y Cen­so (INEC), el mer­ca­do panameño de jue­gos de azar y apues­tas alcanzó B/.671.7 mil­lones durante el primer trimestre de 2025, un crec­imien­to de 10.1% respec­to al mis­mo peri­o­do del año ante­ri­or. Los ingre­sos del juego online aumen­taron de B/.71.9 mil­lones a B/.106.1 mil­lones, un crec­imien­to de 47.7%. Esta difer­en­cia ayu­da a explicar por qué la nue­va reg­u­lación con­cen­tra bue­na parte de sus esfuer­zos en el entorno dig­i­tal.

El crec­imien­to del canal online plantea desafíos muy dis­tin­tos a los del juego pres­en­cial. El entorno dig­i­tal exige ver­i­ficar la iden­ti­dad de los jugadores, impedir el acce­so de menores de edad, detec­tar patrones de juego prob­lemáti­co, pre­venir el fraude y com­bat­ir platafor­mas que ofre­cen ser­vi­cios sin autor­ización.

La Ley 527 reconoce la ludopatía como un prob­le­ma de salud públi­ca y bus­ca for­t­ale­cer la pro­tec­ción de los con­sum­i­dores frente al crec­imien­to de las apues­tas dig­i­tales medi­ante medi­das sus­ten­tadas en cri­te­rios téc­ni­cos y cien­tí­fi­cos. El Órgano Ejec­u­ti­vo dispone además de seis meses para emi­tir la reglamentación que definirá cómo deberán oper­ar en la prác­ti­ca los casi­nos, platafor­mas dig­i­tales y sis­temas de apues­tas que ya se encuen­tran en fun­cionamien­to.

Entre las prin­ci­pales medi­das desta­can la ver­i­fi­cación bio­métri­ca de iden­ti­dad y edad para platafor­mas dig­i­tales, el reconocimien­to facial en casi­nos para iden­ti­ficar per­sonas inscritas en pro­gra­mas de autoex­clusión y la posi­bil­i­dad de que cada jugador establez­ca límites de gas­to y tiem­po. La Jun­ta de Con­trol de Jue­gos tam­bién amplía sus fac­ul­tades para actu­ar con­tra oper­adores ile­gales medi­ante el blo­queo de sitios web, apli­ca­ciones, domin­ios y direc­ciones IP que operen sin autor­ización.

La leg­is­lación incor­po­ra además un rég­i­men san­cionador más severo. Las mul­tas pueden alcan­zar has­ta un mil­lón de bal­boas para los oper­adores que incum­plan sus dis­posi­ciones. Asimis­mo, crea un fon­do admin­istra­do por el Min­is­te­rio de Economía y Finan­zas en ben­efi­cio del Insti­tu­to de Salud Men­tal para finan­ciar pro­gra­mas de pre­ven­ción, inves­ti­gación, aten­ción y tratamien­to de la ludopatía. Los recur­sos proven­drán del 0.5% de los ingre­sos anuales que los oper­adores reg­u­la­dos de jue­gos de azar trans­fieren al Tesoro Nacional. Este mecan­is­mo con­vierte a Panamá en uno de los primeros país­es de Cen­troaméri­ca en vin­cu­lar direc­ta­mente el crec­imien­to de la indus­tria con el finan­ciamien­to per­ma­nente de políti­cas públi­cas ori­en­tadas a la salud men­tal.

Durante años, el juego respon­s­able se apoyó prin­ci­pal­mente en políti­cas inter­nas y cam­pañas de sen­si­bi­lización. A par­tir de aho­ra será nece­sario demostrar que esas políti­cas fun­cio­nan. La tec­nología deja de ser un ele­men­to difer­en­ci­ador para con­ver­tirse en una condi­ción bási­ca de cumplim­ien­to.

Este cam­bio tam­bién abre opor­tu­nidades para provee­dores espe­cial­iza­dos en iden­ti­dad dig­i­tal, eKYC, bio­metría, reconocimien­to facial, inteligen­cia arti­fi­cial, mon­i­toreo del com­por­tamien­to del jugador y pre­ven­ción del fraude. La reg­u­lación ya no solo exige cumplir la ley, sino demostrar que la tec­nología uti­liza­da pro­tege efec­ti­va­mente al jugador y for­t­alece la inte­gri­dad del mer­ca­do.

                  Rosa Ochoa

Panamá colo­ca la salud men­tal en el cen­tro de la políti­ca públi­ca para el sec­tor. No solo endurece las san­ciones o for­t­alece el com­bate con­tra oper­adores ile­gales. Tam­bién crea un mecan­is­mo per­ma­nente para finan­ciar pro­gra­mas de pre­ven­ción, tratamien­to e inves­ti­gación, recono­cien­do que el crec­imien­to del juego online debe ir acom­paña­do de respon­s­abil­i­dad social, evi­den­cia cien­tí­fi­ca y her­ramien­tas capaces de pro­te­ger a los jugadores más vul­ner­a­bles.

Más que una refor­ma ais­la­da, la Ley 527 puede mar­car el ini­cio de una nue­va eta­pa para la reg­u­lación del juego online en Cen­troaméri­ca. Si este mod­e­lo demues­tra que la bio­metría, la iden­ti­dad dig­i­tal y los pro­gra­mas de salud men­tal for­t­ale­cen la con­fi­an­za en el mer­ca­do sin lim­i­tar su crec­imien­to, es prob­a­ble que otros país­es adapten estos prin­ci­p­ios a sus pro­pios mar­cos reg­u­la­to­rios. La reg­u­lación del futuro ya no se medirá úni­ca­mente por el número de licen­cias otor­gadas o las san­ciones impues­tas, sino por la capaci­dad de la indus­tria para uti­lizar la tec­nología, pro­te­ger al jugador y gener­ar un desar­rol­lo sostenible del mer­ca­do.

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