El gobierno de Colombia ha decretado un nuevo impuesto al consumo del 16% aplicable a las ganancias brutas (GGR) de las empresas de juego, que consideran la medida inconsistente en su diseño y una amenaza a la sostenibilidad económica del sector y un incentivo a la migración de apostadores al mercado ilegal.
Con el justificativo de atender a la emergencia económica, social y ecológica causada por las inundaciones en ocho departamentos, el gobierno incorporó un impuesto del 16% al consumo para las apuestas que se hacen por plataformas digitales. Estará a cargo de los operadores y será del 16 % sobre el GGR, o sea lo que resulta luego de restar los premios otorgados del total de las apuestas.
La medida introduce un esquema tributario que genera profundas preocupaciones desde el punto de vista técnico, jurídico y económico para la industria de juegos de suerte y azar online.
“Desde una perspectiva técnica, el impuesto presenta inconsistencias en su diseño, al configurarse como un impuesto al consumo cuando, en la práctica, el sujeto obligado es el operador y la base gravable corresponde a su ingreso (GGR). Esta desalineación entre el hecho generador, la base y el sujeto rompe la lógica del tributo y genera distorsiones en su aplicación, afectando directamente la operación formal”, declaró Evert Montero Cárdenas, presidente de la Federación Colombiana de Empresarios de Juegos de Suerte y Azar (Fecoljuegos).

En declaraciones a iGamingFuturo, Montero dijo que el decreto retoma, bajo una nueva figura, elementos de cargas tributarias que habían sido previamente suspendidas por la Corte Constitucional, lo que genera una situación de tensión institucional al dar la impresión de que se reintroducen medidas ya cuestionadas, lo que incrementa la inseguridad jurídica y debilita la confianza en la estabilidad del marco regulatorio.
El impacto sobre la viabilidad económica del sector del juego es evidente.
“La industria opera sobre volúmenes altos y márgenes estrechos, por lo que cualquier alteración significativa en su estructura financiera, como la introducción de cargas mal diseñadas, compromete su sostenibilidad. En estas condiciones, la operación formal pierde competitividad y se expone a un escenario donde su viabilidad en el tiempo se ve seriamente afectada”, señaló Montero.
Y ni hablar del incentivo que esto crea para que los apostadores salgan del mercado regulado para buscart operadores no autorizados que no pagan impuestos ni asumen la responsabilidad p[ara proteger a los usuarios.
“Cuando el canal formal se vuelve menos competitivo, la demanda no desaparece, sino que se desplaza hacia entornos no regulados, donde no hay control, no hay protección al consumidor y no hay recaudo para el Estado. Así, una medida orientada a aumentar ingresos puede terminar debilitando el ecosistema formal y fortaleciendo la ilegalidad”, dijo el dirigente de Fecoljuegos.
El decreto se suma a un contexto de creciente presión tributaria, laboral y regulatoria que impacta de forma acumulativa la estructura de costos del sector de juegos de azar.
“Esto agrava aún más el riesgo sobre la sostenibilidad de la industria”, advirtió Evert Montero.









