La mañana después del presupuesto antes


¿Qué debe­mos pen­sar de una empre­sa que aún no se ha deci­di­do cómo escribir su pro­pio nom­bre? ¿O de un órgano rep­re­sen­ta­ti­vo que, cega­do por los acon­tec­imien­tos del pre­supuesto, insiste en cer­rar la puer­ta del establo mucho después de que los cabal­los se hayan escapa­do?

La respues­ta, querido(s) lector(es), es estar en sin­tonía con el espíritu de la época, aban­donar las vie­jas nor­mas y abrazar los mer­ca­dos de predic­ción que se aveci­nan, la cade­na de blo­ques y la crip­tomone­da.

No hay nada malo con las tradi­cionales casas de apues­tas de la High Street, que para muchos, espe­cial­mente los no ini­ci­a­dos, rep­re­sen­tan la cara del juego tradi­cional británi­co, de la comu­nidad reuni­da para apos­tar en el Grand Nation­al, la FA Cup, Wim­ble­don y otros tesoros deportivos.

Seguro que no están ganan­do dinero como solían hac­er­lo, pero como alguien le dijo a esta colum­na, son mucho más baratas, como una platafor­ma pub­lic­i­taria viva y res­pirable, que alquilar un car­tel en el North Cir­cu­lar.

Eso es lo que se lla­ma la base de un mer­ca­do maduro, uno que puede pro­por­cionar un crec­imien­to útil, año tras año, por enci­ma de la tasa de inflación; que todavía tiene sus momen­tos, espe­cial­mente cuan­do “en vivo” supera a todos los demás.

Sea cual sea los impuestos que se le impon­gan, el mun­do de los jue­gos de azar sigue sien­do un emo­cio­nante cor­nu­copia que opera en la van­guardia del cap­i­tal­is­mo mod­er­no, ya sabes, el sis­tema que, a pesar de sus detrac­tores, todavía paga la may­oría de nues­tras cuen­tas.

El tru­co, como siem­pre, es encon­trar el camino inter­me­dio. Pagar lo que se debe, cono­ci­do como impuestos, pro­te­ger a los vul­ner­a­bles, pagar por las vic­to­rias y jugar un juego limpio.

Es abso­lu­ta­mente inútil lamen­tar el des­ti­no imag­i­na­do después del even­to, revivien­do viejos argu­men­tos cansa­dos. ¿Quién ha oído hablar de que los lla­ma­dos “impuestos al peca­do” se reduz­can en algún lugar del mun­do una vez que se hayan impuesto? Pueden man­ten­erse, con­ge­la­dos, por un tiem­po. Pero nun­ca se reducirán. El mer­ca­do siem­pre se ajus­ta.

Esta pal­abra, “mit­i­gar”, ha sido muy emplea­da des­de el con­tro­ver­tido pre­supuesto de otoño de Rachel Reeves. Como si mit­i­gar en sí mis­mo fuera una vari­ta mág­i­ca que resolvería todos los prob­le­mas del juego, que, esen­cial­mente, sig­nifi­ca ganar menos dinero que antes.

Nada puede mit­i­gar el impul­so de la humanidad por el juego.

El juego es lo que nos hace grandes. Tomar ries­gos. Pro­bar algo nue­vo. Exper­i­men­tar. Cada movimien­to es una “apues­ta”.

En lugar de llo­rar sobre la leche der­ra­ma­da, los líderes de nues­tra indus­tria nece­si­tan reconec­tar con su pro­pio jugador inter­no: salir y hac­er nuevos movimien­tos. Ale­jarse del ciclo de fatal­i­dad.

¡Y pen­sar pos­i­ti­va­mente!

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