Durante años, el mapa latinoamericano del iGaming se ha centrado en México, Colombia y Brasil. Sin embargo, Centroamérica emerge hoy como una región con un potencial real para convertirse en un polo de crecimiento, gracias a la combinación de conectividad digital, innovación fintech y una apertura gradual hacia la regulación del juego en línea.
Panamá y Costa Rica marcan el ritmo, mientras que países como Guatemala, El Salvador y Honduras empiezan a definir sus propios marcos regulatorios.
Los seis países de Centroamérica, incluyendo a Nicaragua, suman más de 50 millones de habitantes y la región está experimentando una acelerada transformación tecnológica. La penetración de Internet supera el 70 % en la mayoría de los países, siendo Panamá y Costa Rica los líderes en conectividad y banca digital. Según datos de la CEPAL y Statista, más del 80 % de los usuarios de internet acceden desde teléfonos inteligentes, un factor clave que impulsa el juego móvil y la personalización de la experiencia
El desafío más visible —y, al mismo tiempo, la gran oportunidad— es la regulación. Panamá es el referente: su Ley 29 de 2002 estableció una estructura clara bajo la supervisión de la Junta de Control de Juegos, lo que atrajo a operadores internacionales y generó ingresos fiscales sostenibles.
Costa Rica, por su parte, funciona como centro de servicios offshore, con cientos de operadores registrados que ofrecen apuestas a mercados extranjeros. Aunque el juego local no está formalmente regulado, el país se mantiene como centro de operaciones técnicas y financieras.
Armonización regional
Guatemala, Honduras y El Salvador se encuentran en una etapa temprana, con normativas parciales o vacíos legales. Esta situación ofrece oportunidades de innovación, pero también conlleva riesgos de informalidad. La Corporación Iberoamericana de Loterías y Apuestas de Estado (CIBELAE) ha recomendado avanzar hacia una armonización regional que alinee los estándares técnicos y de protección del jugador, tal como ha sucedido en Sudamérica.
La limitada bancarización, que en el pasado fue un obstáculo, se ha convertido en motor de transformación. Las fintech regionales han impulsado la adopción de billeteras digitales, criptomonedas y soluciones de pago instantáneo, lo que facilita el acceso a los operadores en línea y reduce la fricción para los usuarios.
Según Uplatform, el desarrollo fintech está directamente relacionado con el auge del iGaming en la región. Las plataformas que integran pagos seguros, validaciones biométricas y opciones locales, como SINPE Móvil en Costa Rica o Yappy en Panamá, son las que mejor conectan con los nuevos usuarios.
El canal móvil es el epicentro del cambio. Las aplicaciones de apuestas deportivas y casinos, optimizadas y con notificaciones en tiempo real y apuestas in-play, concentran gran parte del tráfico. El jugador centroamericano es joven, utiliza el móvil y es sociable; exige rapidez y ofertas localizadas, una tendencia que confirma el informe ENV Media 2025 sobre consumo digital en Latinoamérica.
El principal desafío sigue siendo combatir la informalidad y reforzar la confianza de los usuarios. En algunos países, la falta de regulación permite la operación de sitios offshore sin supervisión fiscal ni garantías de protección al jugador.
Organismos como la CIBELAE y las loterías estatales centroamericanas promueven la adopción de mecanismos de verificación de edad, límites de depósito y herramientas de autoexclusión. Panamá es hoy el ejemplo más avanzado en materia de juego responsable, con normas inspiradas en modelos europeos.
Prevención de fraude
No obstante, la región necesita programas de educación para los consumidores, cooperación entre gobiernos y campañas de prevención del fraude. La transparencia será el elemento diferenciador entre quienes logren consolidarse y quienes queden fuera del marco formal.
Centroamérica no es un mercado homogéneo, pero comparte tres puntos fuertes que la distinguen en el panorama del iGaming. Su rápida expansión de la penetración digital y móvil acerca el entretenimiento en línea a públicos cada vez más amplios, su intensa cultura deportiva regional conecta los eventos internacionales con las apuestas y su dinámico y adaptable ecosistema fintech facilita la integración de pagos, créditos y servicios financieros en una misma experiencia de usuario. Con estos cimientos, la región está lista para atraer inversión internacional.

Si América del Sur consolidó el modelo regulado, Centroamérica podría convertirse en el siguiente paso. Los operadores que entiendan la diversidad cultural y legal de la región, inviertan en tecnología segura y establezcan alianzas locales serán quienes lideren la nueva ola del iGaming centroamericano.
El despegue no será inmediato, pero las condiciones están dadas. Con la digitalización, la innovación financiera y la búsqueda de marcos regulatorios sólidos, Centroamérica podría pasar de ser un territorio emergente a un actor estratégico del iGaming global.









