La Cámara de Diputados de Brasil aprobó una propuesta del gobierno del Presidente Lula para crear la Universidade Federal do Esporte (UFEsporte), una universidad pública especializada exclusivamente en deporte que será financiada parcialmente con recursos fiscales provenientes del mercado regulado de apuestas de cuota fija, los bets online.
El proyecto, que tendrá su sede en Brasilia, aún debe pasar por el Senado. Su objetivo es formar profesionales, impulsar investigación, fortalecer el alto rendimiento y promover inclusión en el sistema deportivo brasileño.
Estará vinculada al Mnisterio del Deporte, pero no será una facultad dentro de otra universidad, sino una institución autónoma dedicada específicamente al ecosistema deportivo nacional.
El punto más novedoso es que parte del financiamiento provendrá de los ingresos fiscales generados por las apuestas deportivas reguladas via los diferentes impuestos al GGR de los operadores, licencias y otras cobranzas, o sea la economía regulada del juego será usada para inversión en deporte y formación técnica.
Esto incluye capacitar gestores deportivos, formar especialistas en políticas públicas deportivas, fomentar la investigación científica aplicada al deporte y la innovación tecnológica en entrenamiento y gobernanza deportiva, así como estudios en medicina deportiva y rendimiento físico. Se brindará apoyo técnico y académico en especial a atletas de élite y se fomentará el deporte femenino, el deporte paralímpico y políticas contra discriminación y violencia en entornos deportivos.
El gobierno lo presenta como una demanda histórica del sector deportivo y una manera de profesionalizar la política deportiva nacional. Sin embargo, sectores de oposición lo califican como una medida electorera y un gasto innecesario frente a otras prioridades educativas.
De todas formas, tiene significado estratégico, aumentando la institucionalización del deporte como política de Estado, y es un modelo de uso dirigido de recursos provenientes del juego regulado, lo cual sirve para legitimar socialmente el régimen de apuestas mediante esta reinversión pública.
Esta manera de canalizar recursos fiscales del juego a una institución educativa estructural, y no solo a programas deportivos o educativos, va un paso más allá de lo que han hecho otros países como el Reino Unido y España: es decir, no solo financiar deporte con dinero del juego, sino crear una institución permanente que transforme el ecosistema deportivo.
En el Reino Unido, el pilar histórico es la National Lottery, cuyos ingresos se redistribuyen hacia causas “buenas”, incluyendo el deporte. De hecho, es una financiación directa al sistema deportivo y los principales beneficiarios son UK Sport (alto rendimiento y olímpicos) y Sport England (deporte comunitario).
El dinero del juego financia programas y federaciones. Es un sistema altamente probado desde los años 90, que enfatiza la búsqueda de medallas, rendimiento internacional y participación masiva, o sea usar los ingresos del juego para financiar resultados deportivos y participación en vez de estructuras educativas.
España sigue un modelo presupuestario con impuestos al juego, recursos que no van directamente al deporte: los operadores de juego pagan impuestos al Estado, que entran al presupuesto general. Parte de esos recursos termina financiando el deporte a través del Consejo Superior de Deportes.
No existe un impuesto etiquetado exclusivamente al deporte en el modelo español, y el financiamiento depende de decisiones presupuestarias anuales, donde el deporte compite con otros sectores por recursos. Se da mayor peso a las federaciones, los programas olímpicos y el deporte de base.
La propuesta brasileña es más ambiciosa estructuralmente y puede generar efectos de largo plazo (formación de entrenadores, científicos, gestores, pero también implica mayor costo fijo y riesgo de burocratización. El modelo británico es más pragmático y orientado a resultados, mientras que el español es más flexible, pero menos predecible.
Si el modelo brasileño funciona, podría convertirse en un modelo exportable. Si no funciona, corre el riesgo de ser visto como un experimento costoso.









